Primera parte
Segunda Parte
Tercera Parte

MUNDO DE ABAJO

 

VIRGILIO O EL VACIO

 1

un extraño viento
me impulsaba por calles
sin fronteras ni curvas,
por donde el alma
no se veía a sí misma,
donde la ciudad
era una fruta prohibida del cielo

YO MIRABA PASAR LOS CARROS, CUALQUIER COSA por el tránsito que llenaba Wilson y mis ojos, y entre los edificios respiraba la orina de madrugada, lo eterno roncaba desnudo en medio de las nubes y así pensaba en mis pulmones que amaban lo que no conocían, lo que no vivían, el retorno de las prostitutas golpeadas, y así podía callar como un poste pero enamorado de la que una vez vi pasar como todo lo que pasa pero tan profundo que casi me caigo, se me enredó en las tripas, en el cerebro, entonces miraba las nubes y algo era mirar las nubes más allá de Wilson, las pegajosas paredes que me arrancaban los ojos de un solo flemazo, porque nada habita el corazón que palpita solo y aceleradamente por el alcohol, el sol que quema los ojos solos, las puertas hacia lo oscuro donde un travesti ronca solo y sólo los sueños se alegran de perderse donde nadie conoce los sueños, el vacío que habita el vacío, cualquier cosa que no se ama ni se llama Wilson, nada importaba sino era estar caminando o dando vueltas o pensando en hacer el amor trescientos sesenta y cinco años al día

 2

no quiero decir nada,
sólo quiero saber

en qué morada
habrán de caer mis manos,
en qué corazón la armonía
habrá de callar sin desgarro
lejos de esos años
que buscaban la manera de salir

MIS HUESOS BAÑADOS EN ALCOHOL PURO se secaban en la Plaza Francia. Purificados eran los pirañas que soplaban el cielo amarillo donde Dios, libre de su divinidad, fumaba junto a la campana un Winston rojo entre las tres y las cuatro de la tarde. Mis huesos que lloraban por la virgen muerta se revolcaban en el pasto del monumento, doce locos de barba oraban en las puertas de los restaurantes, los truenos inasibles reflejaban en los parabrisas y hacia el infinito mil ojos comían de la basura. Era una visión exagerada por el alcohol de los días, y así tuve que ensuciarme con la grasa de la noche tras haber hecho el amor el amor el amor elanor con muchas ganas, pero mis huesos molidos se secaban ante ustedes, pasajeros del mundo. Yo quería vivir enterrado en las nubes, viajar sin mover mi corazón, y que nadie toque la campana ni de alegría ni de tristeza.

 3

la noche sepulta tu sombra
mientras que el dolor sigue caminando
por la misma calle, oh frío,
paredes que se extienden al infinito,
una voz que te habla y no te dice nada
es también lo del amor

IGUAL AL MAR ANEGADO EN LA PISTA yo vivía con un sol en el día, y el día era un sol rodando por Tacna, entre las carretillas y mis costillas, reflejado en las ventanas o en la maletera de un carro, perdía las palabras y no perdía nada; y tan ligero como los bolsillos, perdido como los niños amarrados a los brazos y a las nubes, con la sombra del monumento y toda la deuda del país, el eterno hambre me miraba junto al Rímac, y el puente sagrado como una sandía brillaba con los gallinazos que se comían al país de las maravillas, porque el hambre duraba como los ojos de los niños, ángeles contra el muro y toda la deuda del país. Cuántas veces lo mismo, las mismas caras sin decir nada, nubes arriba y gallinazos, carros abajo y periódicos, afiches, secretarias y toda la deuda del país. Lo mismo era el mar de mis callos y el enlace de una rata sumergiéndose en la basura y la mujer que levantaba la palma y el ardor del hígado maleteado y más de lo mismo, hasta que bajé al río y pegué mi oreja para que me responda de una vez, en kechua

 4

alguien que camina cargando su corazón
es también aquél que confundió una calle
con una mujer fumando en el paradero.
Ah qué silencio soporta tanto silencio,
qué mejilla roza la noche
y comprende la prolongación de las rosas,
el misterio de sus cantos!

MIRABA TAMBIÉN POR LA VENTANA DEL MICRO, moría un poco pero veía a todos que querían ser realmente todos y era perfecto el significado de ser todos. Yo los miraba como nadie, yo era nadie, y hasta ahora, los miraba como los estoy viendo pasar, con las caras ocupadas en los precios, etc. Pero un día me golpeé la frente en la luna, me desmayé en el asiento, todos creían que iba dormido, veía a Dios y los precios, por fin, dije, la Armonía! Un hueco gigante en la pista Grau, así era el alma del que moría y no era yo, por supuesto, no era yo quien comprendía lo que no tenía que comprenderse ni comprarse, el paraíso estaba abajo pero salía entre los dientes como grito, y eterno elevó. Yo gritaba por el micro mirreinaperuanaperdida, moría con la felicidad sobre el asfalto, sobre mi corazón, sobre cualquier cosa. Pegué mi oreja a la luna para que me responda de una vez y así hasta el día de mi muerte que cuándo llegará, ayer o mañana, pero algún día habrá un día y será un día como todos los días, pero ese día no será más un día y sí el día que algún día llegará, porque el día nunca empieza y si termina sólo es porque se cierran las rosas

 5

el polvo es una lágrima infinita,
la avenida donde persigues
a tu sombra es una prolongación de tu corazón;
sólo tu errar no es de nadie

DESENVAINÉ MI CABEZA Y MI CORAZÓN hacia el vacío, y donde creí estar solo con la muerte encontré, también, millones de intestinos que gritaban, millones de espaldas retorcidas, millones de lenguas decapitadas bajo la sombra del lirio. Mi amor, dije a la nube en mi oreja, huyamos de aquí. Millones de edificios ululaban en la errumbre de sus lágrimas, estábamos cercados de ascensores, teléfonos y cajas. Un brazo tendido en la pista, quemado por el sol de los techos, me detuvo. La sábila miraba el rastro de sangre y la nada brillaba como una lata de leche en el pasto amarillo. Entonces fue que encontré millones de ojos devorando el cosmos como un narciso de coleópteros, donde volvía a nacer el vientre eterno de la nada. Levanté las ondas de su pelo, decidido a cualquier cosa no hice nada, y mi sombra que pesaba tampoco hizo nada; sin embargo preferí pararme y ver cómo desfilaba el tiempo. Sí, hasta ahora el sol calienta el alma que vagó en la garúa de la madrugada y se sentó en el parque con los ojos en blanco

 6

ya no sé si la sombra que proyecto
me pertenece a mí
o a mi carne o a mis huesos:
no hay caminos,
los edificios son los mismos,
los árboles son los mismos,
sólo la angustia no quiere parecerse a sí misma

JUNTO AL MURO ESTABAN ESPERANDO a que abrieran el comedor. Nada ocurrió después y la muerte-lenta se prolongó hasta llegar a la esquina sobrevolada por gallinazos y decretos, mientras mi corazón sólo buscaba una sombra que lo tranquilice y en su intento arañaba la pared meada por la noche y sus estrellas, pegaba su mejilla roja y lentamente pronunciaba unas palabras I-n-I-n-t-e-l-I-g-I-b-l-e-s; luego nos marchábamos, alrededor de las dos y a tres cuadras hallamos un lago sobrevolado por moscas, donde apenas pescamos las cabezas de los peces y muchos peines de colores. Pero no íbamos a ninguna parte, los pies a ninguna parte, el sol a ninguna parte, parte del camino también lo hicimos de espalda, pero tampoco íbamos a ninguna parte, y en ello consistía la felicidad de Dios, que no estaba en ninguna parte. No hay sed ni hambre en la hora de la verdad, y la verdad no es nada. Mi corazón lloraba de alegría y de horror, lloró hasta la noche y pasada la noche, tres días, dos semanas, cinco meses, cuatro años, veinte siglos

 7

tú vas sin saber decir,
lo que quieres decir no son calles:
carros pasando por las calles;
tú quisieras decir algo del amor:
las mismas calles, los mismos carros,

pasando por tu corazón

COLGUÉ MI CABEZA, MI CORAZÓN, MI RODILLA en el puente y dejé que mis ojos miraran el sol rojo o del color que estaba. Frente a mi esqueleto amarillo y el cerro de casas atrás, donde chocaba el viento, una niña me ofreció helados, pero el río se llevaba con la yema de los dedos el recuerdo que había perdido en las nubes, en las paredes, en mi cama. Lo vi pasar y yo pensaba que el viento soplaba del sur, y no podía moverme de ese lugar, porque no estaba en ningún lugar, porque el papel donde se escribe no tiene tanto sol rojo y el sol era algo increíble, y mis ojos así lo vieron hasta oscurecer. Sólo me abracé al aire de una estrella que nacía de la muerte. Yo le dije adiós niña, y hubo un silencio maravilloso entre la nada y Eiel-son, donde los alacranes tiritaban bajo mi mejilla derecha y mi amor fue más allá de mis poros. Compré una botella de pisco, dos pasas flotaban como nuestros corazones, y el paso del amor por nuestros labios nos llevaba tras la luna y más allá donde nada importa y hay tranquilidad, tranquilidad

 

8

qué sabes del dolor,
qué sabes de estar en una calle,
si el dolor es no saber nada,
si estar en una calle
es sólo estar en una parte de tu dolor

LAS NUBES PASTABAN POR MIS OJOS, el presupuesto nacional pastaba por mi espalda, y la Armonía era Abancay como una rosa encendida, la pista ejecutando algo de Beethoven con los suaves compases tropicales. Algo en mis costillas timbraba entre los klaxon y quise gRitar gritaR gRitaRRR hasta que se rompiera mi cuerpo; después me calmaba, después del ocaso de las refrigeradoras, los televisores, las aspiradoras y los equipos de sonido. Me ponía en el paradero a esperar mi micro, y sobre lo que se va de sí mismo al ras de la vereda, queriendo voltear la esquina, los últimos carros pastaban por mis ojos, y la nada en medio del cielo me sonreía. Después no existía, no tenía alma para morir, no habían edificios, y si es que los habían simplemente ahí estaban donde yo no existía, porque ya no existía después, después de haber pasado carros, nubes por mis ojos, pasado pasado como una botella hacia la nada, porque ahí está el truco, la nada donde nada el truco en la nada, la limonada, aire nuestro que estás en los cielos, después la nada

 9

siempre las calles,
decir que estás solo,
la lúcida noche en infinitas lunas.
Yo me veo desde este lugar,
me veo como si quisiera estar en otro sitio

VEÍA EL VIENTO DE OCTUBRE en las costillas de mi amada, el viento en sus cabellos y sus negros cabellos en mi mejilla donde el paraíso tenía la sonrisa de los niños en la sombra del monumento. No tenía dinero para acostarme con mi bella dama, pero sentía el viento de octubre en mis labios abiertos a las llamas de la locura; sus pasos en la vereda mojada donde el brillo de los postes eran ángeles cansados de abortar éxtasis, lágrimas de bronce y títulos de películas regados con un vómito final. Alcohol purísimo, decía, llévame adonde crece verde la yerba, y la sombra de los árboles dibujan sueños entre los ciervos. Llévame a cualquier sitio. Entonces una mariposa entró en mi cráneo y ya no pudo salir, imaginé de pronto el color del prado y a los suicidas en el parque bajo la garúa que no tiene nombre, que borra el tiempo de todas las cosas, lo sagrado y lo ridículo. Podría haberme quedado ahí pero me perdí por las palabras, por las calles, en el derruido paraíso de la transparencia. El hocico de un perro brillaba en la vereda. Me sonreía

 10

tú recuerdas algo en esta calle,
algo que no es esta calle,
pero algo que dice esta calle.
Tú sales para saber algo
que no conoce tu corazón,
tu corazón que es lo mismo que decir esta calle,
por eso cuando lo sabes ya sólo callas

RECOSTADO BAJO UN TANQUE DE AGUA, despidiéndome de las moras y los conejos sobre la nube que rompió mi alma, veía a Beatriz más alta que los edificios o el vuelo de un avión que rayaba mi cabeza junto a la flor de loto, y nada en mis manos, Beatriz levantaba el polvo amarillo y atrás quedaba mi sonrisa dibujada con sombras de higos. Las nubes pasajeras del destino se apresuraban a cruzar la pista. Todos pasaban solitarios y el viento traía su profundo lenguaje de rocas, su diluido cielo de cansancio en la arena y todo eso que no significa nada. Una hoja de periódico pasó por mis ojos y se enredó en un cable eléctrico. ¿A quién le dije adiós?, quise saber, pero seguí echado por los granados y la inflación, y cogí una piedra y esperé para romper la luna que no significaba nada. Un cometa pasó por mi frente y até mi lengua donde miles de obreros pedían aumentos. Las hormigas pasaban por mi barriga y las avispas comenzaron a beber de mi sangre. Yo estaba duro como una piedra y sólo miraba a Beatriz en los edificios tras los edificios sin pestañear

 11

el amor camina en la calle,
porque si no caminara en la calle
caminaría en mi corazón

ESTUVE PARADO MUCHO TIEMPO frente al hospital con una botella rota en el pecho, y roto mi corazón mi alma tiritaba con el brillo del sol entre los carros. Yo amaba los cabellos de una mujer que se iba, al viento le decía amiga no te vayas. Las mudas flores del cementerio apoyaban sus espinas en mi hombro, creo que me llamaban. Yo le decía adiós crepúsculo solitario, sol enredado en las chimeneas de las fábricas. Adiós, primer amor, el desahuciado pájaro deletrea un poema de Dylan Thomas que se lo tomaba todo en serio, la sangre hirviente de los desesperados que bajan al río de amor ala amor alanorr elanorrrrr/ el dolor que se esconde de la policía, que se toma algo para no sentir dolor/ el dolor que no cicatriza, mezclado con neblina, continúa siendo una mancha/ el dolor que no tiene trabajo, si llega al río pestilente es sólo para decirle que no lo devuelva. La alegría y la sombra del edificio enterraban mi corazón con la mirada a esa larga cabellera yéndose más allá del río, altos cabellos hacia lo infinito y alas muy lejanas, alas con olor de estrellas lamidas por las ratas, alas con pestañas de alcohol, alas de que no termine nunca, y si termina que sea para siempre y yo muy lejos

 12

tu dolor es una calle
que ni siquiera conoce tu dolor,
tu dolor es insoportable, no porque duela
- todo dolor duele mucho -,
es insoportable porque vive muy dentro,
ni siquiera hay que soportarlo:
tú mismo eres el dolor

YO PODÍA VIVIR MORIR VIVIR MORIR VIVIR MORIR, pero mejor estaba de espalda a cualquier cosa que no podía morir vivir morir o que sí podía vivir morir, y estaba por Camaná como una piedra girando solo en el uni-verso. Con un verso en la cabeza estaba de cabeza mi universo mirando un agujero negro; luego compré un cigarrillo, lo compré y al fumarlo no pensé en nada, porque así podía ver a Dios en todas partes: Dios crucificado, Dios corriendo de la policía, manejando un bus, jalando un triciclo, Dios inhalando terokal, las nubes más lejanas…Oh sí!, los gases más letales, los ambulantes, las prostitutas, el desahuciado cubierto con un cartel amarillo, el gato pisado por trillones de llantas. Exactamente todo era Todo, lo que es todo también era Nada, lo imposible posible y mi apéndice o la cola de la rata metiéndose velozmente al desagüe. No pude compartir aquella visión, Dios era nada o no era nada, y sólo palabras palabras palabras en mi cabeza, repetidas palabras para nada. Aunque vi una vez a una muchacha que me sonrió, ella estaba en la vereda y yo en el micro sin ir a ninguna parte

 13

entre la noche y la luz de los postes
la luna se pega al muro garabateado,
renuncia a la luz y a la oscuridad,
renuncia a los sueños
esclavos de las pasiones y los amaneceres,
renuncia también a mirar el mar
con los ojos de los ciegos

NADIE PUEDE SABER CUÁNTO dolor me causa saber que nadie puede saber cuánto dolor me causa saber que nadie puede saber cuánto dolor. Pero estuve horas frente al cine rojo vivo y sobre el cine el sol rojo muriendo en los brazos azules de mi amor. Los carros refulgían celestes animales al campo lleno de orina y artefactos. Yo pude correr hasta la esquina sólo por correr y sentirme en la esquina, después de haber corrido y reflexionado, así como haber flexionado mis rodillas. Por fin corrió de mi frente un hilo de sangre que llevé a mi boca con mi lengua, la sal del mar y los cabellos de mi amor se confundían en mi oscuridad tantas veces recorrida por la Poesía, los comerciales de radio, periódico y televisión. Eso no significó nada, no sentí nada, toda ciencia trascendiendo, toda religión trascendiendo, riendo, pero así estuve años frente a Marilyn hasta altísimas horas de la madrugada. Nadie lloraba si no era a solas, y con una canción reflejada por los letreros de neón mi amor entonces decía que sí, decía que sí, sí, sííííííí y me hundía rojo en sus brazos

 14

el espacio de la flor
no es el tiempo de su belleza,
y así como en la poesía
las palabras nunca sabrán
que en un día la tuve por toda la vida

CARGABA MI ALMA EN UN COSTAL y como siempre expedía olores amarillos, o como siempre el sol en mis ojos que miraban la pista. La avenida era el infinito tantas veces anhelado por la poesía; por eso iba esperanzado de no volver y arrojar al acantilado mi alma, mi alma ensangrentada de alcohol y nubes. Volteé al aire y le dije, mi amor, sólo nos falta un poco más, resiste. Podía haber sido el tono de mi voz, pero se asustó la negra, y se fue sin decir una palabra, o diciendo todas las palabras en un mismo instante en que su belleza se borraba y quedaba la vereda sucia con la prolongación del infinito. Me detuve a orinar y para esto puse el costal a un lado, creo por mi debilidad lo solté y se rompió, pero en fin, oriné infinitamente, cerrando los ojos y recordando a mi amor entre los girasoles, mi amor entre los edificios del cielo estrellado de la poesía, de cualquier cosa. Al llegar por fin al acantilado (no sé si era un acantilado, pero yo lo llamaba acantilado), antes de ver el mar de gente, arrojé mi costal al vacío. La cosa ahí dentro todavía se quejaba, gemía, nadie me vio, y regresé por otro camino cuando ya todo estaba OscurO

 mas el arte tiene la experiencia del tiempo

 

LAS VISIONES DE BLAKE  

 

“El camino del exceso lleva al palacio del saber”.
William Blake. Proverbios del Infierno. 1792.

 1

     Miles de desempleados enrumban al paradero de los desempleados.
Las noches en Colonial hicieron calladas sus manos, apagaron sus pulmones
junto a un cartel descolorido. Era el año 1992.
    Albión también está parado aquí, mirando levantarse el polvo
de la pista, como un fantasma más. Y como oro en polvo algo se deposita
sobre sus zapatos gastados; entonces escupe, hace un gesto de fastidio,
tristeza y preocupación, todo a la vez.
    Aún está pensando en el sueño que tuvo esa noche.
Él estaba en un muro muy alto, sujetándose fuertemente para que no lo arrojara
el viento o el vértigo o la realidad.
   Sólo el futuro es posible, haga el amor no la guerra,
la imaginación al poder, el pueblo unido…,  decían los grafitis en el muro.
    Un perro se le acerca, lo mira humildemente, baja la mirada y se recuesta a su
lado. Sólo quiere un poco de sombra. Pero Albión también.

2

En Canevaro las luces son esclavas del tiempo/ las prostitutas
anidan en los metales que pasan raudamente al olvido/
un paquetero da media vuelta/ camina donde no llega la luz
& enciende su luz.
    Antamón está con sed, su cuerpo, su hambre, su espíritu están con sed.
Las pocas estrellas de la noche son borradas por la neblina y la hora profundiza
un vago recuerdo de guerra al filo de la rama sus-pendida en su primigenio latido.
    Solitario, a pesar que no está solo y nunca lo estuvo, Antamón mira a las
prostitutas que descendieron del cielo derramado como placenta en la pista.
¿En qué lenguaje crearemos nuevos mitos en este tiempo en que ya nadie cree en
mitos?
    Las tiendas han cerrado y el viento afloja. Nadie piensa. Nadie dice nada. Antamón bebe su lágrima, solo, solo y solo.

 3

     Todas las calles de Lima son el Infierno, me decía Martín Adán,
& la humedad corroe al ángel. La poesía es mejor que una oración y es extraño
ser amigo de los fierros oxidados, porque el devenir no viene y la paciencia hace
hongos en el alma de los que aman entre los arcos de la plaza.
    Aristón por eso estaba tristón y sin plata, y era sábado en su SeXo.
Él, que era el mejor en esas artes del lenguaje, por una gota roja
de universo que resbalaba por el uni-verso, se quedó mudo y vio algo de eterno
en los ojos del ángel. Ella agachó la mirada y abrió su cartera.
    El tránsito y la oscuridad era toda la existencia del ángel,
aparte de los ladrillos y los ministerios alados. Nada brillaba en ese tiempo.
Entre gente que está viva busca los poemas, Aristón Hernández.

4

Ebrio, después de haber llorado e insultado a los dioses inexistentes, busco
Beulah dentro del inconsciente. Nunca lo recuerdo, se me borra su aroma, su goce,
y al día siguiente soy yo nuevamente entre las dudas, los temores, las deudas
y la poesía tan delicada para tocar estas cosas.
    Como un árbol que crece en mi cuerpo,
el universo me dice hijo mío cuándo vas a volver, pero yo busco Beulah
cuando estoy solo y solo. Mis veintiséis años tirados en la calle y en mi cuarto
son la constancia de mi inconstancia. A veces hago trazos en mapas que desconozco,
tomo “llonque”, sé que la vida es corta y que nunca hay tiempo para volver donde el
amor está tal como uno lo dejó o tal como lo perdió.
    Yo busco Beulah en mis pasos que nunca recuerdo. Un dolor de cabeza y el
vómito serán sagrados en algún paraíso, y algo me dicen de Beulah.

 5

     Los sueños eran terribles y muy parecidos a la realidad, sueños que ya no eran
sueños y al despertar en medio del tráfico y el azulino pájaro del amanecer, gritaba
enferma y corría inmediatamente al espejo.
    Eno vivía sola, en un tercer piso, en un cuarto alquilado cuya ventana daba a
las fábricas abandonadas. El desmayado viento de periódicos le dictaba los
desconsuelos a diario. El radio del departamento vecino escupía un gato de Bach entre
palpitos de leche. Ella se había resignado a no tener hijos.
    En esa ventana, por las mañanas, se paraba una paloma azul que no significaba
nada especial. El solitario canto de las fábricas se elevaba en una primavera de
pastillas,
sembraba polen en sus pestañas y la llevaba a los cines más sórdidos de la ciudad.
    El tráfico se hacía in-sopor-table al regresar, pero bello era el caos
nuevamente,
porque el sol, cuando más brillaba, caía más rápido en el horizonte.

 6

     Beatriz estuvo en Entuthon en vano. El placer emanaba de cualquier cosa, y se
perdía por calles ocuras y cines oscuros. Los poemas que guardaban la verdad del
mundo ya no eran para ella.
    Yo la adoraba, yo que vivía del error y del errar. Ahora va hacia un edificio
abre su bolsa antes de entrar, y el pensamiento poético se desequilibra ante su inmensa
nada.
    Si la realidad se curva, entonces la palabra sólo existe en su unidad de contrarios,
como cuando ella llegó al parque de los desesperados de la vida y le arrancó
a un fantasma un cigarrillo de los labios, y se fue con él hacia un bar.
            Si abrieras tu puerta y vieras todo lo que te falta, Beatriz, pero una palabra lo
dice todo, sólo una palabra como un mundo que nunca habrá de ser real.

   Beatriz estuvo en Entuthon y a veces hasta era feliz como cualquiera que huye
del TIEMPO.

 7

     Estuvo en Colmena una madrugada entera. Silencios de caballos murmuraban
en las sombras y las carretillas disparaban sus fragancias a las paredes con pelos de gatos.
    Fuzon piensa entonces en aquellas ventanas rojas, los antiguos versos que le
dieron los antiguos poetas ya no le sirven para nada. La noche es ahora una mujer
peinándose en una rosa de orina. Detrás de un carro rojo, las espinas húmedas de sus
ojos clavan un delgado alambre en su nariz.
    Fuzon la está esperando y el maquillaje se agrieta como una imagen
tantas veces vista en esta esquina. La imagen de su asesinato.
Un carro en esta ciudad es todo el mundo que marcha hacia la muerte de Beatriz.
    Nada retoña en sus manos. La levantan, antes que él llegue y la rescate. El sólo
piensa cuándo empezará a vivir en esa pálida piel que madura a su suerte.

 8

     Cuando pienso en Golgonooza pienso en noches de guerra y en los edificios
de la Vía Expresa con chispeantes botellas entre los vientos más claros.
    Cuando pienso en el arte es como no pensar en nada y parece que todo ha
muerto
con los que murieron, y soy extraño en mis propios pensamientos. Pero no hay arte
perecedero, dijo Joyce, y es todo oscuro cuando no se vive para el arte.
    Las calles eran lejanas y vivíamos para el momento que podía durar toda la
semana, todos los siglos y los últimos besos en los muelles.
    En la puerta de un mar había un bar, el mar nos seguía recitando caracolas
y suicidas estrellas de amar. El deseo era un pedazo de infierno, pero desear
era el paraíso.
    En una noche pienso en Golgonooza y no hay nada que sea diferente
a ese desear.

9

Los perdía el tiempo en los bares junto a la carretera. “Eres un perdido”, le decía
su abuelo. Pero la soledad que ventilaba su dolor ardía en la ceniza de su cigarro.
    El cuello de la botella se oscurecía y su camisa azotaba un ladrido de rabia,
cuando se abría la puerta y el viento torcía la música de Mozart hacia el paso de los
camiones, afuera, en la carretera central.
    El tiempo se deformaba en una tormenta de alcohol, los poemas que no
consolaban suplían algo, pero nada de esos mitos duraba más que su dolor.
    Él era consciente de su honestidad. Sobre la mesa la noche era más clara.
Entre las botellas, la noche brillaba transformándose en una dama. Plúmulas
acariciaban su aguardentosa voz cuando recitaba los tercetos últimos del Infierno.
    Los perdió los caminos en mitad de todos los caminos. Ahora no tiene
TIEMPO.

 10

     Quien se pierde por Luvah pierde los sentidos entre manzanas blancas y
nísperos de LSD, como en los años 60’s, entre la poesía anglosajona, beatnik, Eliot,
William Carlos, Dylan (Bob y Thomas).
    ¿Pero de qué contemplación emerge la verdad del 2000?
Son tus manos dos blancas salinas en tu palabra que, después de la batalla y muerto
el combatiente, no encuentra nada, pero deja una estela de misterio.
   Pero, aunque estemos lejos de la verdad, hay que estar en Luvah, Amor, para
sentir el temblor de la verdad y las blondas del mal y la frazada de la luna negra, para
beber de tu ombligo esa ensoñación cristalina, porque en tus madreselvas escalan los
ejércitos y los rocíos y así se aniquila el dolor.
    La verdad se hincha en tus senos, Amor, de tanto llorar, de tanto amar,
en Luvah.

 11

     Dónde está Ololón, y fuera de sí, entre la yerba celeste del riel.
Qué clara mañana limpiará sus ojos, con pétalos en sus
mejillas y aljibes en sus nervios.
    La mala noche le arrancó dos lágrimas y las juntó en un estanque. La luna se
conmovió y le devolvió algunos senderos a sus sueños, y su antiguo amor relinchó
con un fuerte abrazo a su desvalida sombra. La primavera la llenó de silencio pero en
el tramo final la abandonó como a una jaca entre los cínifes.
    Ololón jugaba con las trenzas de la luna y el racimo vacío le arrancó su corazón.
Por eso yo la busco antes que amanezca, antes que el hielo se desprenda de su dolor
y riegue su inútil sueño. Yo la busco, aunque no me ame, la busco vivia o muerta.
    Entro a un bar. Una muchacha con un cien-piés en el brazo se sienta a acompañarme,
su lánguida mirada se atora con un gemido, sé que es ella, y ahora
suena una rockola.

 12

   Orc destruía su cerebro en La Floral y afuera el mundo estaba fuera del mundo
de sus sueños. Dónde habría quedado ese amor entre los girasoles, cuando las tardes
eran de ese caballo sediento contra la pujanza del viento, y ella se subía en él para
cruzar el desierto.

   El alcohol exhala una lágrima en forma de cruz, y su alegría es un alma-naque
pegado en la pared que se derrumba en su mente ajeno a pertenecer a los cerebros
destruidos en las escuelas.

   Allí nunca leerán tus poemas, le dijo ella cuando él renunció a los estudios.
Pero nada se sabe y el tiempo está del otro lado de la pared. El televisor es La
Realidad, dice La Realidad. Un florero es un hueco encima del refrigerador así como
las botellas apiladas en las divisiones de madera también son lo real. Todo tiene
lógica.
    La mujer que atiende a los vampiros se le acerca, porque ya trae los ojos rojos.
Orc pide la última copa y la patria y la muerte.

 13

     Yo seguía a Rintrah con mi cara en el crepúsculo y el crepúsculo era una palabra
trillada, como todas, y lo seguía por Colonial donde el sol es más tranquilo
para los buceadores del infinito.

   Y yo iba alcoholizado y el sueño aún olía a muslos y senos que me decían
sigue, sigue y después vuelves. La noche rompía algunas lunas

que casi siempre eran las de mis anteojos, y aún así siempre volvía a la noche.
    El destino era correr de los policías, algo aburrido, pero era el único destino.
Un día duraba lo que duraba seguir a Rintrah, que nunca se dio cuenta que lo seguía;
y a veces yo me disfrazaba de Rintrah con barba de pólipos y fragantes barcos
en el horizonte
trillado.
    La Colonial aventuraba los trofeos de los perdidos, & solo también.

 14

     Todos los ángeles bajaban al río a ver a Tharmas y abrían sus botellas
y libaban alegremente con canciones sobre ratas y olores de naranjas y humo, y
el más triste
iba a parar al cuarto de la luna menguante, y a ella le entregaba todo su dinero
y sus tristes ojos se volvían blancos, y el anciano Tharmas tan callado y emocionado
por el homenaje que le hacían estos desadaptados del cielo asfaltado con yerbas,
sacaba su botella áurea y no había fin en el río que reflejaba su maravillosa forma
de vivir.
    Con famélicas costillas y pómulos hinchados de tanto rodar, un ángel se sentó
junto a mí; después de hacer el amor bailamos en el frescor de la noche, entre prímulas
y piedras lizas.
    El sueño mandaba no volver a la ciudad, al mal papel de la época
que todo lo arrebata para no decir nada.

 15

     ¿Cómo mirar y no decir nada? Oler con el codo, llorar con las uñas y los pelos.
Pero el tiempo de Tiriel es del equilibrio, el tráfico nos niega, mejor es bajarse
y no ir a ninguna parte.
    El dictador está dictando sus versos más tristes esta noche.
La guerra se pregunta por Fuzon, Grodna, Utha, esos plagiadores que acuden a los
bancos. Y estoy aburrido con la misma cara de ayer, y estoy aburrido con la misma
muerte de ayer, y estoy aburrido de verlo todo y escribir todo y escribir nada,
aburrido de tomar el mismo carro y volver con el mismo carro,
y dónde está esa chica que pronunciaba mi nombre como nadie lo pronunciaba,
y que era como nunca nada fue, ¿adónde se fue?, ¿y por qué se largó, pues?,
¿y por qué parece que estuviera aquí si no está aquí?
    Éste es el verdadero Tiriel.

 16

     Tirzah estaba tirado en la madrugada, apestando a pisco, ante un batallón de
ratas listos para comérselo. Su novia era la luna tirada en el charco, a su lado, con una
flor fosforescente que no pedía nada.
    Esa noche Tirzah escribió muchos poemas
y los dedicó a la única estrella visible del alma de su amada.
    El fecundo papel biblia se enrolló con pólvora y el relampagueo de los edificios
lo hizo volar ciego como un vampiro.
    Cayó aquí, junto a su amada luna en el charco.
Luego de eso no se sabe nada. Cayó nomás como una historia más en una primavera,
donde se sucedían los últimos mitos de Ojeda.

 17

     En Ulro vivía con las ganas de poseer toda la materia de Ulro, donde las caras
de las noches no eran las caras de las mañanas.
    Y vivía con una costilla rota y medio inclinada hacia la avenida donde la
desgracia era un país que siempre se escribía en los peores poemas, porque nunca se
decía nada de lo que pasaba y ésa era la desgracia.
    Los que caminan sin contar sus pagos y los que voltean sin saber responder la
hora, y el semáforo sin color y el humo negro sin color, todo me daba náuseas, pero si
se pudiera nacer todos los días y morir durante el sueño sin dejar rastro...
    En Ulro vivía con las ganas de poseer toda la materia de Ulro.

 18

     El otoño es una hoja seca a punto de caer al asfalto.
Un perro observa la hoja mientras espera cruzar la pista.
El perro va conduciendo a Urizen. Urizen parece enojado. La neblina va
humedeciéndole sus ojos ciegos, pero algo de alegría hay en la oscuridad donde
una gacela lo mira ahora cruzar la pista al parecer ahora alegre.
    Urizen sacó a orinar a su perro y aprovechó para fumar.
Dejó unas revistas apolillándose en su cuarto, dejó la radio encendida, tocando un tango,
hace tiempo que dejó también los libros. Afuera el aire es mejor que nada.
    Si quitamos lo del cigarro, podría tratarse de Borges, pero ya hace tiempo
que no escribe, sólo recita a Blake y quiere a una jovencita.
Estaba acostumbrado a los caprichos de la poesía, pero un día dejó de ser un capricho.
    Urizen se dejó llevar. Se dejó amar.

 19

     Por Vala voy y vuelvo a la nada y no me canso de tomar caña, porque el amor
pide vivir lo que más se quiere, morir y lidiar con la realidad.
    Yo tenía una amiga y con ella iba a buscar hasta el centro de la ciudad a Vala;
y cuando la encontramos, casi al terminar el día, desapareció ante nosotros al oír una
perdida bala. Desde ese día no volvimos a ver a Vala, sabíamos que andaba muy
cerca, pasaron dos semanas, mi amiga se cansó de acompañarme a la nada.
    Yo era el hombre más desdichado de la tierra.
El invierno era perfecto para mí, pero no había invierno en Lima, sólo un infierno
desde que desapareció Vala.
    Ahora estoy esperando que sean las tres para salir.
Sé que no encontraré a Vala. Sé que sólo oiré balas. 

CRENOM EN LAS ULTIMAS AVENIDAS

 1

el sentido de la vida
el sentir ido de la vida
el sentir ido de vivir la vida ida
el ir ido la vida ida
he sentido la vida perdida

 HAY UN SILENCIO DE SALAMANDRAS con ojos de cemento y caídas de árboles sobre el techo de un carro de sangre. Y el amor es más extenso que esta neblina _solitario cuerpo hecho de rejas oxidadas_. Podría sacar apenas unos dedos, ensuciarlos con el viento cargado de fetos y desagües. El tiempo de la desesperación se clava en la oreja de una muchacha. La muchacha es fría para los que caminan hacia la casa, una casa donde se puede soñar con el cuerpo emergiendo de la neblina y sea eterno amar en el concreto. Algunas muchachas hacen el amor en los techos. Los esqueletos de los gatos miran pasar cientos de carros. Y la vida es pasajera. Se arrastra una hoja y cae en el agua empozada. La muchacha que yo buscaba se convirtió en el silencio que nace de estas calles altas como la desesperación.    ¿A quién dedicaré mis poemas ahora?         Sólo el silencio se estremece ante el silencio

 2

el otro lado es infinito,
no tiene brújulas ni reglas

no conoce la furia del tiempo:
es el tiempo.
El otro lado es un espejo
con los ojos del hombre,

es el hombre que conoce su oscuridad

 YO NO SÉ SI SOY YO O MI SOMBRA el que camina. La noche no es más extensa que el sueño del que camina entre los árboles. Podría convertirme en un trozo de cemento salido de la vereda, tropezar con mi sonrisa y vomitar una luna con dientes de perro. Pero yo no sé si soy el que camina o es la noche la confusión de todas las artes. Camino con un grito y nadie me oye, y es mejor arrancarse el corazón entre las granadas, correr a la velocidad del mundo con flema de lagarto, apagar la iluminación de los edificios con apéndice de candela (que se transforma en rejas) y arrancar semáforos con muslos de cigarra. Lo único que sé es que tiemblo de horror ante los huecos, sea con ojos de hipocampo o con paladar de rinoceronte cantando bajo un cable de teléfono. El pasado es una rosa incierta y las ratas se cruzan con gotas de sueños donde la preocupación de morir es una palabra sin sentido. Yo escribía sobre esto una e infinitas veces en el mismo papel.    La noche es extensa             y tu cabellera tiene estrellas de llanto tras la neblina

  3

no sé dónde estoy herido.
No sé qué calle doblar
cuando quiero escapar del silencio

LA AVENIDA SOLITARIA que es un par de zapatos, la neblina que es el corazón destrozado de Lima, oh corazón que canta su frondosa bestialidad de materia, autos lucientes al filo del viento, y todo lo quieto es una lágrima guardada, un silencio de hojas, ventanas al extremo, el no querer llegar a ninguna parte, todo se cruza y nada hiere la tristeza de una mujer en el paradero, y todos los años que no llegan a tocar el suelo, sólo un largo silbido en todas las hojas de este libro, un silbido solitario y venenoso, o el polvo inclemente, hermano de la garúa, reposando en los ojos y en las fauces de cemento, o yo mismo con un latido repetido a través de los siglos que no significan nada, mis pulmones deshojándose en silencios de pájaros con silbidos de carros enterrados. ¿Dónde podría hallarte y no conocerte, Beatriz? ¿Dónde hay que mirar para no ver nada?       Al final hay una extensión que se abre como una rosa      y todas las rutas se parecen

 4

a dónde va este sol,
y desde qué punto he de mirar a la sombra,
solo, sembrado de caminos.
Ah pero la muerte tiene un rostro común y corriente
y una sonrisa que no espanta ni a las moscas

LOS CARROS VAN EN PROCESIÓN hacia el mismo lugar, y cada lugar es el mismo, con un poco de menos ruido uno hasta podría ver a dios. Todo es posible y se lee el periódico y se duerme para soñar que has llegado a la mujer de tu sueño. Y si es de noche se lee el nombre de neón-verde de un hotel, grandes constelaciones de esperma giran. Y uno por más solo que quiere estar, está por lo menos con uno mismo despidiéndose del mundo. Por eso la noche es soñar algo de realidad y no dudar con la distancia que existe entre las cosas. El frío es el país del deseo, con algo de alcohol se puede llegar a algún sitio, aunque sea a la muerte, que es el descanso de los sentidos, algo que los sentidos mismos dicen o exigen, porque los sentidos también se cansan y padecen más que la conciencia de los que tienen conciencia.     Ah edificios donde una mujer se suelta el cabello y en su desnudez piensa que está vieja
       y que el hombre al que va a hacer el amor no concuerda en nada con las descripciones de aquél que una vez le dictó su sueño

 5

el mismo amor de Apolo
es también el que dobla la avenida
o el que cruza el puente
solo en la madrugada.
El mismo amor que abre su ventana
es el que voltea hacia la puerta
que nunca podrá salir de su marco.
Por eso la poesía es siempre otra cosa

SIEMPRE ES TARDE AQUÍ, porque sólo tarde se llega al olvido, y ya no hay dolor en la espalda, ni cientos que lo aguanten, tránsito de aquéllos que buscan un lugar para echar su cuerpo y con ello todo lo que existe. Yo camino por esta vereda desierta, la noche tan alta como un abismo y las tinieblas donde las ratas se hacen amigas de algunas luces de neón. A esta hora nada importa, el cuerpo empieza a decir cosas sin sentido, le habla a los troncos resecos, a las puertas cerradas, a los muros altos que guardan dos o tres asesinatos. El cuerpo es una cosa hecha de alma y el frío es la materia del dolor: no saber que se está muriendo (aunque de su boca sólo salga esa misma palabra) es no saber que se está caminando inútilmente en un lugar que está caminando inútilmente en un universo que está caminando inútilmente en unas manos que están escribiendo inútilmente. Todo es un papel inútil, pero esto ya es conocido, por eso amé una tarde a una mujer que bajó de un micro, la seguí hasta que ella dobló la esquina,        y en realidad dobló la esquina,       porque nunca más la volví a ver en la realidad

 6

¿cómo detener la palabra sin evitarla?
Estoy convencido que tus lágrimas
provienen de aquello que aún
no se ha creado en el universo

NO UNA SINO MUCHAS MUERTES se mezclan en la neblina, y es más fácil escupir en los monumentos que imaginar un silencio de cal y mirto en los girasoles que no existen. Nadie se detiene a recoger el mugroso mar que es la náusea. Yo deseo ser de cemento y no de palabras para vivir en este cielo de perros todo el tiempo que me queda, mirando los letreros en las ramas secas o los microbuses vacíos con su extraño dolor de iguana. ¿Quién me dicta a mí las horas o me tiende en un cuadrado de vereda la sombra imperfecta de los sueños…? Por eso yo quisiera hacer un nudo en todos los cuellos, dejar de escupir en los monumentos o en los pies inútiles de los moribundos o en los míos, o tal vez, está bien, escupir en alguna antena o en algún sonido lejano que no pueda ser o significar nada.         Hay un tronco abandonado en la tierra húmeda, desde ahí se ve a una muchacha llorando, se ha escapado de su casa esta vez para siempre; sin embargo, aún duda,        el instinto y la costumbre la tienen así desde chica cuando miraba los techos y la neblina

 7

el sueño es unas manos inasibles,
calles que se doblan al querer
ir por un poco de sombra.
Sobre el río Rímac flota una rata muerta,
igual nuestros corazones pasan
sin saber que ya se han dicho adiós

SILENCIOS DE CAL Y MIRTO HABLAN AL INFINITO. Los ángeles miran cómo viajan los camiones hacia la muerte, hasta yo que no sé qué hago aquí me emociono, aunque yo me emociono de todo. Pero hay que ver los camiones y desear confundir la piel con estos fierros oxidados, sentir el viento como una amiga que ha decidido acompañarte para siempre: al rato ya no sientes el corazón/ los ojos se confunden con las nubes/ con los camiones desesperados por llegar quién sabe adónde en realidad/ qué hogar se abrirá para darte posada/ qué noche evitará mirar esa cruz blanca en la punta del cerro, más lejana que una estrella, y evitará que llores sin que te des cuenta que estás parado en esta vida y con frío y todo ya es invisible y sórdido. Un ángel viejo dice no te detengas por ningún motivo. La muerte es un silencio destartalado queriendo alcanzarte, y la lengua es mirar los extremos de este abrazo a ti mismo, tu no saber amar o adónde ir. Yo me detengo sólo para amarrar mis zapatos. Sólo he tropezado mil veces y me he golpeado las rodillas. Más allá hay una casa, en la puerta una anciana está parada con una escoba.           No sé si me está mirando      o simplemente está mirando a los camiones en la avenida

 8

HAY UN CIERTO AMOR en esa humedad que deja el cansancio.
Los carros pasan gris dentro de mis costillas
y exhalo un cabello de mujer que me dejó la noche.
En medio de todo hay un puente que divide algo de tristeza,
algo de violencia, plantas gozosas de humo negro.
Empapada de saliva un caracol recorre mi sueño bajo la neblina.
Puedo ver el cielo desde un ángulo de sensación,
y podría creer que existe algo más allá,

pero la neblina y la garúa de los cuerpos invisibles
que han sobrevivido a la noche no lo permiten.
Hay una claridad malva en mirar desde el puente
lo infinito entre edificios o mis costillas,
mirar sin lagrimar demasiado para no oxidar la memoria,
el paso hacia delante, el tropiezo de siempre,
o quizás sólo por lo último.
Hay una claridad para vivir caminando hacia atrás
como la utopía en esos carteles descoloridos,
y sentarme con la mujer que cocina periódicos y piedras
entre las pistas con sus jirafas sobre las casas
y sus elefantes al calor de un tejido en sus manos,
un trozo de llanta para salvarnos del hambre
o el nombre que ya no se recuerda,
todo eso para no volver a la realidad.

Hay un amor que siembra sus lágrimas en todos
los cuadrados de vereda, efectivamente.

Una señal le devuelve la neblina cuando se equivoca de puerta
y entra al aliento de su propia boca. No puedes dejar de verla.

¿Dónde hay que mirar para no ver nada? Debes mirar.
Mirar sin lagrimar, mirarla sin respirar.
El cielo nunca mira hacia arriba,
   pero yo vi y no sólo yo,
y por qué esa maldita costumbre de empezar
                    todo con “Yo”.
Pero decía que yo vi a una mujer que hervía piedras
   en una lata/
        vi algo maravilloso/ no sé qué palabra
es más exacta/ no hay ninguna palabra exacta/
                                                y nada
en general es exacto/
quiero ser su alterada-mente/
quiero que me ame locamente/    
            pero su mente es frío/
                                        su mente es hambre/
su mente es
nomedejescorazónmío

9

PUEDO SUSPENDERLO TODO en la luna,
atravesarme el ojo izquierdo con un vidrio
sólo para cortar mi lágrima que ignora lo que extraña.

Los carteles son azules y se parecen a una forma de vivir
sin amarrarse el alma o toser.
Las estrellas son azules y se parecen a una forma de morir
sin comerse los labios o silbar.
El amor es este frío que hace que uno se abrace a sí mismo.

Pero son azules los edificios y mi corazón se hace polvo.
Pienso en cómo terminará la noche, y me quedo estático
como un monumento a mí mismo.
Beatriz, tú eras una niña que trataba de peinar a su muñeca sucia,
la muñeca no tenía una pierna, ¿recuerdas?,
y le decías hasta cuándo mi amor serán los círculos rotos,

hasta cuándo las palabras se callarán en tus cabellos negros sin años.
En realidad eso me lo decías a mí. Yo no me daba cuenta.

El monumento se echa a andar.
Y la avenida es pasar de frente ante esa X marcada en la vereda,
es ir hacia las palabras como si con las palabras fueran a cambiar las cosas.
Puedo suspenderlo todo en un papel o en un semáforo,
esperar a decirle al gran amor del cine cuánto la amo,
decirle a mi inmaculado amor del casete
que por ella lo he dejado todo en el último asiento de un micro.
La avenida infinita donde ya no importa si vas o vienes,
la avenida de los corazones con piernas de amor,

la avenida de la estrella de sangre, los poemas perdidos
y la vida que es una sola

Primera parte
Segunda Parte
Tercera Parte