Primera parte
Segunda Parte
Tercera Parte
YO MIRABA PASAR LOS
CARROS, CUALQUIER COSA por el tránsito que llenaba Wilson y mis ojos, y entre los
edificios respiraba la orina de madrugada, lo eterno roncaba desnudo en medio de las nubes
y así pensaba en mis pulmones que amaban lo que no conocían, lo que no vivían, el
retorno de las prostitutas golpeadas, y así podía callar como un poste pero enamorado de
la que una vez vi pasar como todo lo que pasa pero tan profundo que casi me caigo, se me
enredó en las tripas, en el cerebro, entonces miraba las nubes y algo era mirar las nubes
más allá de Wilson, las pegajosas paredes que me arrancaban los ojos de un solo flemazo,
porque nada habita el corazón que palpita solo y aceleradamente por el alcohol, el sol
que quema los ojos solos, las puertas hacia lo oscuro donde un travesti ronca solo y sólo
los sueños se alegran de perderse donde nadie conoce los sueños, el vacío que habita el
vacío, cualquier cosa que no se ama ni se llama Wilson, nada importaba sino era estar
caminando o dando vueltas o pensando en hacer el amor trescientos sesenta y cinco años al
día
sólo quiero saber
en qué morada
habrán de caer mis manos,
en qué corazón la armonía
habrá de callar sin desgarro
lejos de esos años
que buscaban la manera de salir
MIS HUESOS BAÑADOS EN
ALCOHOL PURO se secaban en la Plaza Francia. Purificados eran los pirañas que soplaban el
cielo amarillo donde Dios, libre de su divinidad, fumaba junto a la campana un Winston
rojo entre las tres y las cuatro de la tarde. Mis huesos que lloraban por la virgen muerta
se revolcaban en el pasto del monumento, doce locos de barba oraban en las puertas de los
restaurantes, los truenos inasibles reflejaban en los parabrisas y hacia el infinito mil
ojos comían de la basura. Era una visión exagerada por el alcohol de los días, y así
tuve que ensuciarme con la grasa de la noche tras haber hecho el amor el amor el amor
elanor con muchas ganas, pero mis huesos molidos se secaban ante ustedes, pasajeros del
mundo. Yo quería vivir enterrado en las nubes, viajar sin mover mi corazón, y que nadie
toque la campana ni de alegría ni de tristeza.
3
la noche sepulta tu sombra
mientras que el dolor sigue caminando
por la misma calle, oh frío,
paredes que se extienden al infinito,
una voz que te habla y no te dice nada
es también lo del amor
IGUAL AL MAR ANEGADO EN LA PISTA yo vivía con un sol en el día, y el día era un sol rodando por Tacna, entre las carretillas y mis costillas, reflejado en las ventanas o en la maletera de un carro, perdía las palabras y no perdía nada; y tan ligero como los bolsillos, perdido como los niños amarrados a los brazos y a las nubes, con la sombra del monumento y toda la deuda del país, el eterno hambre me miraba junto al Rímac, y el puente sagrado como una sandía brillaba con los gallinazos que se comían al país de las maravillas, porque el hambre duraba como los ojos de los niños, ángeles contra el muro y toda la deuda del país. Cuántas veces lo mismo, las mismas caras sin decir nada, nubes arriba y gallinazos, carros abajo y periódicos, afiches, secretarias y toda la deuda del país. Lo mismo era el mar de mis callos y el enlace de una rata sumergiéndose en la basura y la mujer que levantaba la palma y el ardor del hígado maleteado y más de lo mismo, hasta que bajé al río y pegué mi oreja para que me responda de una vez, en kechua
4
es también aquél que confundió una calle
con una mujer fumando en el paradero.
Ah qué silencio soporta tanto silencio,
qué mejilla roza la noche
y comprende la prolongación de las rosas,
el misterio de sus cantos!
MIRABA TAMBIÉN POR LA VENTANA DEL MICRO, moría un poco pero veía a todos que querían ser realmente todos y era perfecto el significado de ser todos. Yo los miraba como nadie, yo era nadie, y hasta ahora, los miraba como los estoy viendo pasar, con las caras ocupadas en los precios, etc. Pero un día me golpeé la frente en la luna, me desmayé en el asiento, todos creían que iba dormido, veía a Dios y los precios, por fin, dije, la Armonía! Un hueco gigante en la pista Grau, así era el alma del que moría y no era yo, por supuesto, no era yo quien comprendía lo que no tenía que comprenderse ni comprarse, el paraíso estaba abajo pero salía entre los dientes como grito, y eterno elevó. Yo gritaba por el micro mirreinaperuanaperdida, moría con la felicidad sobre el asfalto, sobre mi corazón, sobre cualquier cosa. Pegué mi oreja a la luna para que me responda de una vez y así hasta el día de mi muerte que cuándo llegará, ayer o mañana, pero algún día habrá un día y será un día como todos los días, pero ese día no será más un día y sí el día que algún día llegará, porque el día nunca empieza y si termina sólo es porque se cierran las rosas
5
la avenida donde persigues
a tu sombra es una prolongación de tu corazón;
sólo tu errar no es de nadie
DESENVAINÉ MI CABEZA
Y MI CORAZÓN hacia el vacío, y donde creí estar solo con la muerte encontré, también,
millones de intestinos que gritaban, millones de espaldas retorcidas, millones de lenguas
decapitadas bajo la sombra del lirio. Mi amor, dije a la nube en mi oreja, huyamos de
aquí. Millones de edificios ululaban en la errumbre de sus lágrimas, estábamos cercados
de ascensores, teléfonos y cajas. Un brazo tendido en la pista, quemado por el sol de los
techos, me detuvo. La sábila miraba el rastro de sangre y la nada brillaba como una lata
de leche en el pasto amarillo. Entonces fue que encontré millones de ojos devorando el
cosmos como un narciso de coleópteros, donde volvía a nacer el vientre eterno de la
nada. Levanté las ondas de su pelo, decidido a cualquier cosa no hice nada, y mi sombra
que pesaba tampoco hizo nada; sin embargo preferí pararme y ver cómo desfilaba el
tiempo. Sí, hasta ahora el sol calienta el alma que vagó en la garúa de la madrugada y
se sentó en el parque con los ojos en blanco
me pertenece a mí
o a mi carne o a mis huesos:
no hay caminos,
los edificios son los mismos,
los árboles son los mismos,
sólo la angustia no quiere parecerse a sí misma
JUNTO AL MURO ESTABAN ESPERANDO a que
abrieran el comedor. Nada ocurrió después y la muerte-lenta se prolongó hasta llegar a
la esquina sobrevolada por gallinazos y decretos, mientras mi corazón sólo buscaba una
sombra que lo tranquilice y en su intento arañaba la pared meada por la noche y sus
estrellas, pegaba su mejilla roja y lentamente pronunciaba unas palabras
I-n-I-n-t-e-l-I-g-I-b-l-e-s; luego nos marchábamos, alrededor de las dos y a tres cuadras
hallamos un lago sobrevolado por moscas, donde apenas pescamos las cabezas de los peces y
muchos peines de colores. Pero no íbamos a ninguna parte, los pies a ninguna parte, el
sol a ninguna parte, parte del camino también lo hicimos de espalda, pero tampoco íbamos
a ninguna parte, y en ello consistía la felicidad de Dios, que no estaba en ninguna
parte. No hay sed ni hambre en la hora de la verdad, y la verdad no es nada. Mi corazón
lloraba de alegría y de horror, lloró hasta la noche y pasada la noche, tres días, dos
semanas, cinco meses, cuatro años, veinte siglos
lo que quieres decir no son calles:
carros pasando por las calles;
tú quisieras decir algo del amor:
las mismas calles, los mismos carros,
pasando por tu corazón
8
qué sabes de estar en una calle,
si el dolor es no saber nada,
si estar en una calle
es sólo estar en una parte de tu dolor
LAS NUBES PASTABAN POR MIS OJOS, el presupuesto nacional pastaba por mi espalda, y la Armonía era Abancay como una rosa encendida, la pista ejecutando algo de Beethoven con los suaves compases tropicales. Algo en mis costillas timbraba entre los klaxon y quise gRitar gritaR gRitaRRR hasta que se rompiera mi cuerpo; después me calmaba, después del ocaso de las refrigeradoras, los televisores, las aspiradoras y los equipos de sonido. Me ponía en el paradero a esperar mi micro, y sobre lo que se va de sí mismo al ras de la vereda, queriendo voltear la esquina, los últimos carros pastaban por mis ojos, y la nada en medio del cielo me sonreía. Después no existía, no tenía alma para morir, no habían edificios, y si es que los habían simplemente ahí estaban donde yo no existía, porque ya no existía después, después de haber pasado carros, nubes por mis ojos, pasado pasado como una botella hacia la nada, porque ahí está el truco, la nada donde nada el truco en la nada, la limonada, aire nuestro que estás en los cielos, después la nada
decir que estás solo,
la lúcida noche en infinitas lunas.
Yo me veo desde este lugar,
me veo como si quisiera estar en otro sitio
VEÍA EL VIENTO DE
OCTUBRE en las costillas de mi amada, el viento en sus cabellos y sus negros cabellos en
mi mejilla donde el paraíso tenía la sonrisa de los niños en la sombra del monumento.
No tenía dinero para acostarme con mi bella dama, pero sentía el viento de octubre en
mis labios abiertos a las llamas de la locura; sus pasos en la vereda mojada donde el
brillo de los postes eran ángeles cansados de abortar éxtasis, lágrimas de bronce y
títulos de películas regados con un vómito final. Alcohol purísimo, decía, llévame
adonde crece verde la yerba, y la sombra de los árboles dibujan sueños entre los
ciervos. Llévame a cualquier sitio. Entonces una mariposa entró en mi cráneo y ya no
pudo salir, imaginé de pronto el color del prado y a los suicidas en el parque bajo la
garúa que no tiene nombre, que borra el tiempo de todas las cosas, lo sagrado y lo
ridículo. Podría haberme quedado ahí pero me perdí por las palabras, por las calles,
en el derruido paraíso de la transparencia. El hocico de un perro brillaba en la vereda.
Me sonreía
10
algo que no es esta calle,
pero algo que dice esta calle.
Tú sales para saber algo
que no conoce tu corazón,
tu corazón que es lo mismo que decir esta calle,
por eso cuando lo sabes ya sólo callas
RECOSTADO BAJO UN
TANQUE DE AGUA, despidiéndome de las moras y los conejos sobre la nube que rompió mi
alma, veía a Beatriz más alta que los edificios o el vuelo de un avión que rayaba mi
cabeza junto a la flor de loto, y nada en mis manos, Beatriz levantaba el polvo amarillo y
atrás quedaba mi sonrisa dibujada con sombras de higos. Las nubes pasajeras del destino
se apresuraban a cruzar la pista. Todos pasaban solitarios y el viento traía su profundo
lenguaje de rocas, su diluido cielo de cansancio en la arena y todo eso que no significa
nada. Una hoja de periódico pasó por mis ojos y se enredó en un cable eléctrico. ¿A
quién le dije adiós?, quise saber, pero seguí echado por los granados y la inflación,
y cogí una piedra y esperé para romper la luna que no significaba nada. Un cometa pasó
por mi frente y até mi lengua donde miles de obreros pedían aumentos. Las hormigas
pasaban por mi barriga y las avispas comenzaron a beber de mi sangre. Yo estaba duro como
una piedra y sólo miraba a Beatriz en los edificios tras los edificios sin pestañear
11
porque si no caminara en la calle
caminaría en mi corazón
ESTUVE PARADO MUCHO TIEMPO frente al hospital con una botella rota en el pecho, y roto mi corazón mi alma tiritaba con el brillo del sol entre los carros. Yo amaba los cabellos de una mujer que se iba, al viento le decía amiga no te vayas. Las mudas flores del cementerio apoyaban sus espinas en mi hombro, creo que me llamaban. Yo le decía adiós crepúsculo solitario, sol enredado en las chimeneas de las fábricas. Adiós, primer amor, el desahuciado pájaro deletrea un poema de Dylan Thomas que se lo tomaba todo en serio, la sangre hirviente de los desesperados que bajan al río de amor ala amor alanorr elanorrrrr/ el dolor que se esconde de la policía, que se toma algo para no sentir dolor/ el dolor que no cicatriza, mezclado con neblina, continúa siendo una mancha/ el dolor que no tiene trabajo, si llega al río pestilente es sólo para decirle que no lo devuelva. La alegría y la sombra del edificio enterraban mi corazón con la mirada a esa larga cabellera yéndose más allá del río, altos cabellos hacia lo infinito y alas muy lejanas, alas con olor de estrellas lamidas por las ratas, alas con pestañas de alcohol, alas de que no termine nunca, y si termina que sea para siempre y yo muy lejos
que ni siquiera conoce tu dolor,
tu dolor es insoportable, no porque duela
- todo dolor duele mucho -,
es insoportable porque vive muy dentro,
ni siquiera hay que soportarlo:
tú mismo eres el dolor
YO PODÍA VIVIR MORIR VIVIR MORIR VIVIR
MORIR, pero mejor estaba de espalda a cualquier cosa que no podía morir vivir morir o que
sí podía vivir morir, y estaba por Camaná como una piedra girando solo en el uni-verso.
Con un verso en la cabeza estaba de cabeza mi universo mirando un agujero negro; luego
compré un cigarrillo, lo compré y al fumarlo no pensé en nada, porque así podía ver a
Dios en todas partes: Dios crucificado, Dios corriendo de la policía, manejando un bus,
jalando un triciclo, Dios inhalando terokal, las nubes más lejanas
Oh sí!, los
gases más letales, los ambulantes, las prostitutas, el desahuciado cubierto con un cartel
amarillo, el gato pisado por trillones de llantas. Exactamente todo era Todo, lo que es
todo también era Nada, lo imposible posible y mi apéndice o la cola de la rata
metiéndose velozmente al desagüe. No pude compartir aquella visión, Dios era nada o no
era nada, y sólo palabras palabras palabras en mi cabeza, repetidas palabras para nada.
Aunque vi una vez a una muchacha que me sonrió, ella estaba en la vereda y yo en el micro
sin ir a ninguna parte
la luna se pega al muro garabateado,
renuncia a la luz y a la oscuridad,
renuncia a los sueños
esclavos de las pasiones y los amaneceres,
renuncia también a mirar el mar
con los ojos de los ciegos
NADIE PUEDE SABER
CUÁNTO dolor me causa saber que nadie puede saber cuánto dolor me causa saber que nadie
puede saber cuánto dolor. Pero estuve horas frente al cine rojo vivo y sobre el cine el
sol rojo muriendo en los brazos azules de mi amor. Los carros refulgían celestes animales
al campo lleno de orina y artefactos. Yo pude correr hasta la esquina sólo por correr y
sentirme en la esquina, después de haber corrido y reflexionado, así como haber
flexionado mis rodillas. Por fin corrió de mi frente un hilo de sangre que llevé a mi
boca con mi lengua, la sal del mar y los cabellos de mi amor se confundían en mi
oscuridad tantas veces recorrida por la Poesía, los comerciales de radio, periódico y
televisión. Eso no significó nada, no sentí nada, toda ciencia trascendiendo, toda
religión trascendiendo, riendo, pero así estuve años frente a Marilyn hasta altísimas
horas de la madrugada. Nadie lloraba si no era a solas, y con una canción reflejada por
los letreros de neón mi amor entonces decía que sí, decía que sí, sí,
sííííííí y me hundía rojo en sus brazos
no es el tiempo de su belleza,
y así como en la poesía
las palabras nunca sabrán
que en un día la tuve por toda la vida
El camino del exceso lleva al
palacio del saber.
William Blake. Proverbios del Infierno. 1792.
Las noches en Colonial hicieron calladas sus manos, apagaron sus pulmones
junto a un cartel descolorido. Era el año 1992.
Albión también está parado aquí, mirando levantarse el polvo
de la pista, como un fantasma más. Y como oro en polvo algo se deposita
sobre sus zapatos gastados; entonces escupe, hace un gesto de fastidio,
tristeza y preocupación, todo a la vez.
Aún está pensando en el sueño que tuvo esa noche.
Él estaba en un muro muy alto, sujetándose fuertemente para que no lo arrojara
el viento o el vértigo o la realidad.
Sólo el futuro es posible, haga el amor no la guerra,
la imaginación al poder, el pueblo unido
, decían los grafitis en el muro.
Un perro se le acerca, lo mira humildemente, baja la mirada y se
recuesta a su
lado. Sólo quiere un poco de sombra. Pero Albión también.
En Canevaro las luces son esclavas del
tiempo/ las prostitutas
anidan en los metales que pasan raudamente al olvido/
un paquetero da media vuelta/ camina donde no llega la luz
& enciende su luz.
Antamón está con sed, su cuerpo, su hambre, su espíritu están con
sed.
Las pocas estrellas de la noche son borradas por la neblina y la hora profundiza
un vago recuerdo de guerra al filo de la rama sus-pendida en su primigenio latido.
Solitario, a pesar que no está solo y nunca lo estuvo, Antamón mira a
las
prostitutas que descendieron del cielo derramado como placenta en la pista.
¿En qué lenguaje crearemos nuevos mitos en este tiempo en que ya nadie cree en
mitos?
Las tiendas han cerrado y el viento afloja. Nadie piensa. Nadie dice
nada. Antamón bebe su lágrima, solo, solo y solo.
3
& la humedad corroe al ángel. La poesía es mejor que una oración y es extraño
ser amigo de los fierros oxidados, porque el devenir no viene y la paciencia hace
hongos en el alma de los que aman entre los arcos de la plaza.
Aristón por eso estaba tristón y sin plata, y era sábado en su SeXo.
Él, que era el mejor en esas artes del lenguaje, por una gota roja
de universo que resbalaba por el uni-verso, se quedó mudo y vio algo de eterno
en los ojos del ángel. Ella agachó la mirada y abrió su cartera.
El tránsito y la oscuridad era toda la existencia del ángel,
aparte de los ladrillos y los ministerios alados. Nada brillaba en ese tiempo.
Entre gente que está viva busca los poemas, Aristón Hernández.
4
Ebrio, después de haber llorado e
insultado a los dioses inexistentes, busco
Beulah dentro del inconsciente. Nunca lo recuerdo, se me borra su aroma, su goce,
y al día siguiente soy yo nuevamente entre las dudas, los temores, las deudas
y la poesía tan delicada para tocar estas cosas.
Como un árbol que crece en mi cuerpo,
el universo me dice hijo mío cuándo vas a volver, pero yo busco Beulah
cuando estoy solo y solo. Mis veintiséis años tirados en la calle y en mi cuarto
son la constancia de mi inconstancia. A veces hago trazos en mapas que desconozco,
tomo llonque, sé que la vida es corta y que nunca hay tiempo para volver
donde el
amor está tal como uno lo dejó o tal como lo perdió.
Yo busco Beulah en mis pasos que nunca recuerdo. Un dolor de cabeza y
el
vómito serán sagrados en algún paraíso, y algo me dicen de Beulah.
sueños y al despertar en medio del tráfico y el azulino pájaro del amanecer, gritaba
enferma y corría inmediatamente al espejo.
Eno vivía sola, en un tercer piso, en un cuarto alquilado cuya ventana
daba a
las fábricas abandonadas. El desmayado viento de periódicos le dictaba los
desconsuelos a diario. El radio del departamento vecino escupía un gato de Bach entre
palpitos de leche. Ella se había resignado a no tener hijos.
En esa ventana, por las mañanas, se paraba una paloma azul que no
significaba
nada especial. El solitario canto de las fábricas se elevaba en una primavera de
pastillas,
sembraba polen en sus pestañas y la llevaba a los cines más sórdidos de la ciudad.
El tráfico se hacía in-sopor-table al regresar, pero bello era el
caos
nuevamente,
porque el sol, cuando más brillaba, caía más rápido en el horizonte.
perdía por calles ocuras y cines oscuros. Los poemas que guardaban la verdad del
mundo ya no eran para ella.
Yo la adoraba, yo que vivía del error y del errar. Ahora va hacia un
edificio
abre su bolsa antes de entrar, y el pensamiento poético se desequilibra ante su inmensa
nada.
Si la realidad se curva, entonces la palabra sólo existe en su unidad
de contrarios,
como cuando ella llegó al parque de los desesperados de la vida y le arrancó
a un fantasma un cigarrillo de los labios, y se fue con él hacia un bar.
Si abrieras tu puerta y vieras todo lo que te falta, Beatriz, pero una palabra
lo
dice todo, sólo una palabra como un mundo que nunca habrá de ser real.
Beatriz estuvo en Entuthon y a veces hasta era feliz como cualquiera que huye
del TIEMPO.
en las sombras y las carretillas disparaban sus fragancias a las paredes con pelos de
gatos.
Fuzon piensa entonces en aquellas ventanas rojas, los antiguos versos
que le
dieron los antiguos poetas ya no le sirven para nada. La noche es ahora una mujer
peinándose en una rosa de orina. Detrás de un carro rojo, las espinas húmedas de sus
ojos clavan un delgado alambre en su nariz.
Fuzon la está esperando y el maquillaje se agrieta como una imagen
tantas veces vista en esta esquina. La imagen de su asesinato.
Un carro en esta ciudad es todo el mundo que marcha hacia la muerte de Beatriz.
Nada retoña en sus manos. La levantan, antes que él llegue y la
rescate. El sólo
piensa cuándo empezará a vivir en esa pálida piel que madura a su suerte.
de la Vía Expresa con chispeantes botellas entre los vientos más claros.
Cuando pienso en el arte es como no pensar en nada y parece que todo ha
muerto
con los que murieron, y soy extraño en mis propios pensamientos. Pero no hay arte
perecedero, dijo Joyce, y es todo oscuro cuando no se vive para el arte.
Las calles eran lejanas y vivíamos para el momento que podía durar
toda la
semana, todos los siglos y los últimos besos en los muelles.
En la puerta de un mar había un bar, el mar nos seguía recitando
caracolas
y suicidas estrellas de amar. El deseo era un pedazo de infierno, pero desear
era el paraíso.
En una noche pienso en Golgonooza y no hay nada que sea diferente
a ese desear.
9
Los perdía el tiempo en los bares junto
a la carretera. Eres un perdido, le decía
su abuelo. Pero la soledad que ventilaba su dolor ardía en la ceniza de su cigarro.
El cuello de la botella se oscurecía y su camisa azotaba un ladrido de
rabia,
cuando se abría la puerta y el viento torcía la música de Mozart hacia el paso de los
camiones, afuera, en la carretera central.
El tiempo se deformaba en una tormenta de alcohol, los poemas que no
consolaban suplían algo, pero nada de esos mitos duraba más que su dolor.
Él era consciente de su honestidad. Sobre la mesa la noche era más
clara.
Entre las botellas, la noche brillaba transformándose en una dama. Plúmulas
acariciaban su aguardentosa voz cuando recitaba los tercetos últimos del Infierno.
Los perdió los caminos en mitad de todos los caminos. Ahora no tiene
TIEMPO.
nísperos de LSD, como en los años 60s, entre la poesía anglosajona, beatnik,
Eliot,
William Carlos, Dylan (Bob y Thomas).
¿Pero de qué contemplación emerge la verdad del 2000?
Son tus manos dos blancas salinas en tu palabra que, después de la batalla y muerto
el combatiente, no encuentra nada, pero deja una estela de misterio.
Pero, aunque estemos lejos de la verdad, hay que estar en Luvah, Amor, para
sentir el temblor de la verdad y las blondas del mal y la frazada de la luna negra, para
beber de tu ombligo esa ensoñación cristalina, porque en tus madreselvas escalan los
ejércitos y los rocíos y así se aniquila el dolor.
La verdad se hincha en tus senos, Amor, de tanto llorar, de tanto amar,
en Luvah.
Qué clara mañana limpiará sus ojos, con pétalos en sus
mejillas y aljibes en sus nervios.
La mala noche le arrancó dos lágrimas y las juntó en un estanque. La
luna se
conmovió y le devolvió algunos senderos a sus sueños, y su antiguo amor relinchó
con un fuerte abrazo a su desvalida sombra. La primavera la llenó de silencio pero en
el tramo final la abandonó como a una jaca entre los cínifes.
Ololón jugaba con las trenzas de la luna y el racimo vacío le
arrancó su corazón.
Por eso yo la busco antes que amanezca, antes que el hielo se desprenda de su dolor
y riegue su inútil sueño. Yo la busco, aunque no me ame, la busco vivia o muerta.
Entro a un bar. Una muchacha con un cien-piés en el brazo se sienta a
acompañarme,
su lánguida mirada se atora con un gemido, sé que es ella, y ahora
suena una rockola.
de sus sueños. Dónde habría quedado ese amor entre los girasoles, cuando las tardes
eran de ese caballo sediento contra la pujanza del viento, y ella se subía en él para
cruzar el desierto.
El alcohol exhala una lágrima en forma de cruz, y su alegría es un alma-naque
pegado en la pared que se derrumba en su mente ajeno a pertenecer a los cerebros
destruidos en las escuelas.
Allí nunca
leerán tus poemas, le dijo ella cuando él renunció a los estudios.
Pero nada se sabe y el tiempo está del otro lado de la pared. El televisor es La
Realidad, dice La Realidad. Un florero es un hueco encima del refrigerador así como
las botellas apiladas en las divisiones de madera también son lo real. Todo tiene
lógica.
La mujer que atiende a los vampiros se le acerca, porque ya trae los
ojos rojos.
Orc pide la última copa y la patria y la muerte.
y libaban alegremente con canciones sobre ratas y olores de naranjas y humo, y
el más triste
iba a parar al cuarto de la luna menguante, y a ella le entregaba todo su dinero
y sus tristes ojos se volvían blancos, y el anciano Tharmas tan callado y emocionado
por el homenaje que le hacían estos desadaptados del cielo asfaltado con yerbas,
sacaba su botella áurea y no había fin en el río que reflejaba su maravillosa forma
de vivir.
Con famélicas costillas y pómulos hinchados de tanto rodar, un ángel
se sentó
junto a mí; después de hacer el amor bailamos en el frescor de la noche, entre prímulas
y piedras lizas.
El sueño mandaba no volver a la ciudad, al mal papel de la época
que todo lo arrebata para no decir nada.
Pero el tiempo de Tiriel es del equilibrio, el tráfico nos niega, mejor es bajarse
y no ir a ninguna parte.
El dictador está dictando sus versos más tristes esta noche.
La guerra se pregunta por Fuzon, Grodna, Utha, esos plagiadores que acuden a los
bancos. Y estoy aburrido con la misma cara de ayer, y estoy aburrido con la misma
muerte de ayer, y estoy aburrido de verlo todo y escribir todo y escribir nada,
aburrido de tomar el mismo carro y volver con el mismo carro,
y dónde está esa chica que pronunciaba mi nombre como nadie lo pronunciaba,
y que era como nunca nada fue, ¿adónde se fue?, ¿y por qué se largó, pues?,
¿y por qué parece que estuviera aquí si no está aquí?
Éste es el verdadero Tiriel.
ratas listos para comérselo. Su novia era la luna tirada en el charco, a su lado, con una
flor fosforescente que no pedía nada.
Esa noche Tirzah escribió muchos poemas
y los dedicó a la única estrella visible del alma de su amada.
El fecundo papel biblia se enrolló con pólvora y el relampagueo de
los edificios
lo hizo volar ciego como un vampiro.
Cayó aquí, junto a su amada luna en el charco.
Luego de eso no se sabe nada. Cayó nomás como una historia más en una primavera,
donde se sucedían los últimos mitos de Ojeda.
de las noches no eran las caras de las mañanas.
Y vivía con una costilla rota y medio inclinada hacia la avenida donde
la
desgracia era un país que siempre se escribía en los peores poemas, porque nunca se
decía nada de lo que pasaba y ésa era la desgracia.
Los que caminan sin contar sus pagos y los que voltean sin saber
responder la
hora, y el semáforo sin color y el humo negro sin color, todo me daba náuseas, pero si
se pudiera nacer todos los días y morir durante el sueño sin dejar rastro...
En Ulro vivía con las ganas de poseer toda la materia de Ulro.
Un perro observa la hoja mientras espera cruzar la pista.
El perro va conduciendo a Urizen. Urizen parece enojado. La neblina va
humedeciéndole sus ojos ciegos, pero algo de alegría hay en la oscuridad donde
una gacela lo mira ahora cruzar la pista al parecer ahora alegre.
Urizen sacó a orinar a su perro y aprovechó para fumar.
Dejó unas revistas apolillándose en su cuarto, dejó la radio encendida, tocando un
tango,
hace tiempo que dejó también los libros. Afuera el aire es mejor que nada.
Si quitamos lo del cigarro, podría tratarse de Borges, pero ya hace
tiempo
que no escribe, sólo recita a Blake y quiere a una jovencita.
Estaba acostumbrado a los caprichos de la poesía, pero un día dejó de ser un capricho.
Urizen se dejó llevar. Se dejó amar.
pide vivir lo que más se quiere, morir y lidiar con la realidad.
Yo tenía una amiga y con ella iba a buscar hasta el centro de la
ciudad a Vala;
y cuando la encontramos, casi al terminar el día, desapareció ante nosotros al oír una
perdida bala. Desde ese día no volvimos a ver a Vala, sabíamos que andaba muy
cerca, pasaron dos semanas, mi amiga se cansó de acompañarme a la nada.
Yo era el hombre más desdichado de la tierra.
El invierno era perfecto para mí, pero no había invierno en Lima, sólo un infierno
desde que desapareció Vala.
Ahora estoy esperando que sean las tres para salir.
Sé que no encontraré a Vala. Sé que sólo oiré balas.
el sentir ido de la vida
el sentir ido de vivir la vida ida
el ir ido la vida ida
he sentido la vida perdida
no tiene brújulas ni reglas
no conoce la furia del tiempo:
es el tiempo.
El otro lado es un espejo
con los ojos del hombre,
es el hombre que conoce su
oscuridad
3
No sé qué calle doblar
cuando quiero escapar del silencio
LA AVENIDA SOLITARIA que es un par de
zapatos, la neblina que es el corazón destrozado de Lima, oh corazón que canta su
frondosa bestialidad de materia, autos lucientes al filo del viento, y todo lo quieto es
una lágrima guardada, un silencio de hojas, ventanas al extremo, el no querer llegar a
ninguna parte, todo se cruza y nada hiere la tristeza de una mujer en el paradero, y todos
los años que no llegan a tocar el suelo, sólo un largo silbido en todas las hojas de
este libro, un silbido solitario y venenoso, o el polvo inclemente, hermano de la garúa,
reposando en los ojos y en las fauces de cemento, o yo mismo con un latido repetido a
través de los siglos que no significan nada, mis pulmones deshojándose en silencios de
pájaros con silbidos de carros enterrados. ¿Dónde podría hallarte y no conocerte,
Beatriz? ¿Dónde hay que mirar para no ver nada?
Al final hay una extensión que se abre como una
rosa y todas las
rutas se parecen
LOS CARROS VAN EN PROCESIÓN hacia el mismo lugar, y
cada lugar es el mismo, con un poco de menos ruido uno hasta podría ver a dios. Todo es
posible y se lee el periódico y se duerme para soñar que has llegado a la mujer de tu
sueño. Y si es de noche se lee el nombre de neón-verde de un hotel, grandes
constelaciones de esperma giran. Y uno por más solo que quiere estar, está por lo menos
con uno mismo despidiéndose del mundo. Por eso la noche es soñar algo de realidad y no
dudar con la distancia que existe entre las cosas. El frío es el país del deseo,
con algo de alcohol se puede llegar a algún sitio, aunque sea a la muerte, que es el
descanso de los sentidos, algo que los sentidos mismos dicen o exigen, porque los sentidos
también se cansan y padecen más que la conciencia de los que tienen conciencia. Ah edificios donde una mujer se
suelta el cabello y en su desnudez piensa que está vieja
y que el
hombre al que va a hacer el amor no concuerda en nada con las descripciones de aquél que
una vez le dictó su sueño
es también el que dobla la avenida
o el que cruza el puente
solo en la madrugada.
El mismo amor que abre su ventana
es el que voltea hacia la puerta
que nunca podrá salir de su marco.
Por eso la poesía es siempre otra cosa
SIEMPRE ES TARDE AQUÍ, porque sólo
tarde se llega al olvido, y ya no hay dolor en la espalda, ni cientos que lo aguanten,
tránsito de aquéllos que buscan un lugar para echar su cuerpo y con ello todo lo que
existe. Yo camino por esta vereda desierta, la noche tan alta como un abismo y las
tinieblas donde las ratas se hacen amigas de algunas luces de neón. A esta hora nada
importa, el cuerpo empieza a decir cosas sin sentido, le habla a los troncos resecos, a
las puertas cerradas, a los muros altos que guardan dos o tres asesinatos. El cuerpo es
una cosa hecha de alma y el frío es la materia del dolor: no saber que se está muriendo
(aunque de su boca sólo salga esa misma palabra) es no saber que se está caminando
inútilmente en un lugar que está caminando inútilmente en un universo que está
caminando inútilmente en unas manos que están escribiendo inútilmente. Todo es un papel
inútil, pero esto ya es conocido, por eso amé una tarde a una mujer que bajó de un
micro, la seguí hasta que ella dobló la esquina,
y en realidad dobló la esquina, porque nunca más la
volví a ver en la realidad
Estoy convencido que tus lágrimas
provienen de aquello que aún
no se ha creado en el universo
NO UNA SINO MUCHAS MUERTES se mezclan en
la neblina, y es más fácil escupir en los monumentos que imaginar un silencio de cal y
mirto en los girasoles que no existen. Nadie se detiene a recoger el mugroso mar que es la
náusea. Yo deseo ser de cemento y no de palabras para vivir en este cielo de perros todo
el tiempo que me queda, mirando los letreros en las ramas secas o los microbuses vacíos
con su extraño dolor de iguana. ¿Quién me dicta a mí las horas o me tiende en un
cuadrado de vereda la sombra imperfecta de los sueños
? Por eso yo quisiera hacer un
nudo en todos los cuellos, dejar de escupir en los monumentos o en los pies inútiles de
los moribundos o en los míos, o tal vez, está bien, escupir en alguna antena o en algún
sonido lejano que no pueda ser o significar nada.
Hay un tronco abandonado en la tierra
húmeda, desde ahí se ve a una muchacha llorando, se ha escapado de su casa esta vez para
siempre; sin embargo, aún duda,
el instinto y la costumbre la tienen así
desde chica cuando miraba los techos y la neblina
calles que se doblan al querer
ir por un poco de sombra.
Sobre el río Rímac flota una rata muerta,
igual nuestros corazones pasan
sin saber que ya se han dicho adiós
SILENCIOS DE CAL Y MIRTO HABLAN AL INFINITO. Los ángeles
miran cómo viajan los camiones hacia la muerte, hasta yo que no sé qué hago aquí me
emociono, aunque yo me emociono de todo. Pero hay que ver los camiones y desear confundir
la piel con estos fierros oxidados, sentir el viento como una amiga que ha decidido
acompañarte para siempre: al rato ya no sientes el corazón/ los ojos se confunden con
las nubes/ con los camiones desesperados por llegar quién sabe adónde en realidad/ qué
hogar se abrirá para darte posada/ qué noche evitará mirar esa cruz blanca en la punta
del cerro, más lejana que una estrella, y evitará que llores sin que te des cuenta que
estás parado en esta vida y con frío y todo ya es invisible y sórdido. Un ángel viejo
dice no te detengas por ningún motivo. La muerte es un silencio destartalado queriendo
alcanzarte, y la lengua es mirar los extremos de este abrazo a ti mismo, tu no saber amar
o adónde ir. Yo me detengo sólo para amarrar mis zapatos. Sólo he tropezado mil veces y
me he golpeado las rodillas. Más allá hay una casa, en la puerta una anciana está
parada con una escoba.
No sé si me está mirando o simplemente está
mirando a los camiones en la avenida
9
atravesarme el ojo izquierdo con un vidrio
sólo para cortar mi lágrima que ignora lo que extraña.
Los carteles son azules y se parecen a
una forma de vivir
sin amarrarse el alma o toser.
Las estrellas son azules y se parecen a una forma de morir
sin comerse los labios o silbar.
El amor es este frío que hace que uno se abrace a sí mismo.
Pero son azules los edificios y mi
corazón se hace polvo.
Pienso en cómo terminará la noche, y me quedo estático
como un monumento a mí mismo.
Beatriz, tú eras una niña que trataba de peinar a su muñeca sucia,
la muñeca no tenía una pierna, ¿recuerdas?,
y le decías hasta cuándo mi amor serán los círculos rotos,
hasta cuándo las palabras se callarán
en tus cabellos negros sin años.
En realidad eso me lo decías a mí. Yo no me daba cuenta.
El monumento se echa a andar.
Y la avenida es pasar de frente ante
esa X marcada en la vereda,
es ir hacia las palabras como si con
las palabras fueran a cambiar las cosas.
Puedo suspenderlo todo en un papel o en
un semáforo,
esperar a decirle al gran amor del cine
cuánto la amo,
decirle a mi inmaculado amor del casete
que por ella lo he dejado todo en el
último asiento de un micro.
La avenida infinita donde ya no
importa si vas o vienes,
la avenida de los corazones con piernas
de amor,
la
avenida de la estrella de sangre, los poemas perdidos
y la vida que es una sola