"Odisea 2001... nuevas elecciones en el Perú"
Martín Tanaka
Instituto de Estudios Peruanos
Parece confirmarse el postulado teológico de que dios se apiada de los que
sufren. El 16 de setiembre, dios se apiadó de nosotros los peruanos, cuando
ya estábamos perdiendo del todo la esperanza: lo oculto se revela, Fujimori
se va, cae Montesinos, elecciones el próximo año. Tal vez sea cierto eso de
que "dios es peruano". Parece haber intervención divina en este inesperado
desenlace, dado que no es fácilmente comprensible, con la información
disponible, que el astuto Vladimiro Montesinos y un sector de las FF.AA. se
hayan involucrado en una operación de tráfico de armas que puso al régimen
en curso de colisión con el plan Colombia, lo que terminó por quebrar la
alianza con los E.U., dejó sin respaldo a Mr. Fixit, rompió la sociedad
Fujimori-Montesinos, y terminó por echar por tierra el plan de continuidad
en el poder, tan esforzada, meticulosa y sistemáticamente desarrollado
desde 1996.
La salida del fujimorismo tiene a mi juicio, lamentablemente, muy poco que
ver con la pérdida de legitimidad del régimen, o con las presiones de la
oposición política y social; es resultado de un ajedrez en el que tenemos
muy poco que ver, donde lo determinante han sido los E.U., sus intereses
regionales, y la política de sus diversas agencias, particularmente la CIA;
por supuesto, esto sólo es posible en un régimen autoritario, altamente
personalizado, y con demasiados negocios sucios y ocultos que comprometen
las más altas esferas. Por ello, ha sido algo imprevisible y fuera del
contexto nacional, donde más bien el régimen tendía a mi juicio a
consolidarse. Siendo éste el marco en el que se da la convocatoria a nuevas
elecciones, me temo que será una transición altamente controlada por el
régimen; más todavía porque está efectivamente de salida y se juega la
sobrevivencia. Claro, el régimen tiene grandes problemas porque, al estar
de salida, ha perdido su capacidad de hacer ofrecimientos a futuro, y esto
recorta sustancialmente su capacidad de maniobra.
Ciertamente, la situación política actual aparece sumamente inestable e
imprevisible. Pero me arriesgaré a decir que, en medio de todo, me parece
que poco a poco se está llegando a una suerte de equilibrio, que marcará
los carriles por los que discurrirá la dinámica política en los próximos
meses, y las próximas elecciones; claro, salvo nuevos acontecimientos
inesperados (lo digo por si acaso). Los economistas hablan de un "óptimo de
Pareto" cuando al pasar de una situación a otra, todos han ganado algo, y
por ello los diversos actores aceptan la nueva situación, y se llega a un
equilibrio. Y este nuevo escenario es el de una transición controlada por
un régimen forzado a dejar el poder, pero en la que, a pesar de ello, la
oposición tiene las mayores probabilidades de ganar. Veamos cada uno de los
actores relevantes.
Fujimori logró evitar un golpe en contra suya, que se lo usara como
chivo expiatorio (por eso convocó a elecciones); se va, pero tiene hasta el 28 de
julio de 2001 para limpiar su imagen, publicitar sus "grandes logros" e
irse "por la puerta grande", como "artífice de la democratización".
Por
supuesto, intentará participar en el proceso electoral apoyando
decididamente a los candidatos del régimen, que le cubran las espaldas
cuando se vea obligado a dejar palacio. "El doctor" se resigna a irse en
silencio y a dejar de intervenir directamente en la política peruana, y a
cambio obtiene, hasta el momento, garantía de impunidad. No hay que olvidar
que demasiados y muy poderosos intereses que necesitan de su silencio,
tanto dentro como fuera del país, tanto dentro del régimen como en la
oposición.
Las FF.AA. logran mantener su unidad corporativa; los sectores que lucharon
por sacarse de encima a Montesinos, lograron su objetivo. Tendrán que
soportar la permanencia de muchos montesinistas, pero tienen la fundada
esperanza de que con un nuevo gobierno las cosas cambiarán; y no parecen
tener la fuerza suficiente para imponer una "limpieza a fondo" a corto
plazo. De otro lado, quienes respaldaron a Montesinos y tienen intereses
comunes con él, obtienen una "salida digna", manteniendo en lo fundamental
el control institucional. Se mantendrían allí hasta el cambio de gobierno,
con tiempo para poner la casa en orden y de paso ayudar un poco a los
candidatos oficialistas. La comunidad internacional, el gobierno de los
E.U. y la OEA pueden reclamar para sí un éxito "rotundo": elecciones
inmediatas sin Fujimori y sin Montesinos, y avances notables en el proceso
democratizador, impensados en la reunión de Winsor. Seguramente encontrarán
una fórmula para mantener alejado a Montesinos, dejando siempre abierta
como posibilidad a futuro una extradición; su futuro sería decidido de
acuerdo al resultado de las próximas elecciones.
La oposición obtiene elecciones inmediatas sin Fujimori y la salida de
Montesinos, con grandes posibilidades de ganar (una cosa es competir contra
Fujimori y otra contra cualquier otro). Se encuentra de casualidad con este
escenario, así como se encontró de casualidad con una elección competida en
abril pasado; mayor razón para evitar tropiezos en el camino. Finalmente,
las distintas corrientes del fujimorismo, libradas ahora un poco a su
suerte, ganan también al obtener mayor margen de maniobra, en medio de la
recomposición del régimen, para así luchar abiertamente por ganar la
fórmula presidencial y ubicaciones preferentes en la lista oficialista al
congreso.
En suma, todos ganan dentro de los parámetros de esta transición
controlada; se llega a una especie de equilibrio, ciertamente delicado, que
no estará exento de accidentes y problemas. Con todo, me parece difícil que
se rompa. En general a ninguno de los actores relevantes le conviene, y los
que están en desacuerdo, no tienen la fuerza para imponer un escenario
diferente.
Por lo expuesto, me temo que las elecciones que vendrán serán parecidas a
las que tuvimos en abril pasado. Evidentemente que no podrán ser iguales,
porque los márgenes de manipulación del régimen se han acortado
sustancialmente. Diría que el régimen puede aceptar cambios
democratizadores, inevitables a mediano plazo, mientras mantenga el control
de algunas variables clave que conciernen al proceso electoral. Creo que el
régimen tiene grandes posibilidades de imponer una transición controlada
por una razón fundamental: la oposición no tiene mayor capacidad de
chantaje. Lo más que puede hacer es lanzar la amenaza, no creíble, de no
participar en las elecciones. No es creíble porque enfrentan un agudo
problema de acción colectiva (siempre habrá alguien dispuesto a
participar), y porque tienen posibilidades muy grandes de ganar.
¿Cómo evitar los males de esta transición controlada? La respuesta a mi
juicio es clara: dependerá de que la oposición democrática consolide una
propuesta que gane rotundamente las próximas elecciones, a pesar de
enfrentar condiciones lejos de ser ideales, y que se constituya un nuevo
gobierno con una legitimidad y respaldo lo suficientemente amplios como
para limpiar con la herencia autoritaria en los primeros meses a partir del
28 de julio. A mi modesto entender, es inútil esperar de un régimen que se
juega la vida y la impunidad en estos meses, que haga concesiones
sustanciales antes del 28 de julio. En tanto no espero gran cosa del
régimen, diría que la responsabilidad recae sobre todo en los opositores.
Desgraciadamente, las posibilidades de construir esa opción
democrática sólida aparecen débiles hasta el momento. Gran parte de la naturaleza de
las próximas elecciones, del próximo congreso y del próximo gobierno,
dependen de las reglas electorales. Y me temo que finalmente los políticos
opten por el peor de todos los sistemas posibles: el de múltiples
organizaciones políticas débiles, donde el presidente se elige en dos
vueltas, y el congreso se elige en distrito único, sin barreras de entrada,
con voto preferencial, y bajando el requisito de las firmas necesarias para
postular. Este sistema podría llevarnos a una suerte de "ecuadorización" de
nuestro sistema político, es decir, un escenario de fragmentación extrema,
debilidad de las organizaciones políticas, y una difícil gobernabilidad. El
problema es que podríamos movernos con una lógica pendular: como se quiere
evitar el defecto de un ejecutivo y una mayoría congresal despótica, se
podría terminar con un ejecutivo débil, y un congreso fraccionado y
caótico. El problema de que sean los políticos los que decidan solos las
reglas de la elección de los políticos.
Desgraciadamente, mantener el sistema de dos vueltas en la elección
del presidente estimulará la dispersión, y la competencia al interior del campo
opositor. En lo que respecta al congreso, hay que evitar extremos: si se
mantiene el distrito único como está, podríamos tener una gran
fragmentación; si se cambia a "distritos múltiples", podríamos tener el
debilitamiento de las organizaciones políticas y la proliferación de
caciquismos regionales. Por ello sugiero que, si se mantiene el distrito
único, se ponga una barrera de entrada de 5%; y si pasamos a distritos
múltiples, que una parte del congreso siga siendo electo en distrito único,
que sólo puedan participar organizaciones nacionales, y que en todos los
casos se elimine el voto preferencial. Elijamos propuestas, no individuos.
Que los candidatos defiendan ideas y organizaciones, no su propia persona.
Finalmente, para terminar con una nota de optimismo. A diferencia de
Ecuador, nuestra situación económica no es tan dramática; pero sobre todo,
creo que en los últimos tiempos hemos logrado muchos consensos, como nunca
antes en nuestra historia. Lograr una economía de mercado competitiva, pero
con un Estado que evite distorsiones y desequilibrios, y que desarrolle
políticas sectoriales; que se corrija el rumbo de modo de crear más empleos
y distribuir mejor los recursos; que se desarrolle una agresiva inversión y
política sociales, libre de control político; descentralizar el país y
fortalecer los gobiernos locales; lograr una plena institucionalización
democrática; rescatar un nuevo sentido moral y ético en la vida pública;
fortalecer las organizaciones políticas; reformar el Estado; que el próximo
gobierno busque consensos, y que se apoye en una convocatoria muy amplia...
bien visto, pocas veces antes en nuestra historia se habían dado consensos
tan amplios. Creo que es un buen punto de partida para empezar.