La narrativa andina peruana contemporánea y el indigenismo

Mark R. Cox, Presbyterian College
Latin American Studies Association Convention, Miami, FL, March 2000

Este trabajo es un esfuerzo por ubicar a los escritores de la región andina peruana que comenzaron a publicar en los años ochenta. ¿Son escritores indigenistas, neoindigenistas, o andinos? ¿Cómo podemos definir qué es un indígena y en qué momento deja de ser indígena? ¿Cae la narrativa andina dentro de la modernidad o la postmodernidad? Tengo más preguntas que respuestas, pero espero que esta ponencia pueda promover una discusión sobre el papel actual de la narrativa peruana contemporánea.

El indigenismo es un término complejo, sujeto a múltiples definiciones e interpretaciones. Según Eugenio Chang-Rodríguez es un movimiento basado en el indígena que describe sus costumbres y aspiraciones, critica los abusos al indígena y exige acciones para acabar con estos abusos (96). Antonio Cornejo Polar sostiene que la narrativa indigenista es mucho más que simplemente una
escuela literaria o un movimiento literario. Dice que el indigenismo es una manifestación todavía vigente (70). Tiene sus raíces en el trauma de la conquista y sigue, de una forma u otra, hasta el presente.

Es un desafío extremadamente difícil y frustrante acercarse a una definición adecuada de lo que es un indígena, especialmente en la época contemporánea. Como se sabe, la idea del indio surge con la conquista y el imperialismo para diferenciarse a los conquistadores de los conquistados. El indígena andino contemporáneo es muy enigmático. Según Orin Starn, las personas tradicionalmente señaladas como indios usan otros términos para identificarse(70). Además, dice que no hay mundos herméticos, y que hay bastante interacción entre el mundo considerado "indígena" y el mundo considerado "occidental". (70).

Otro aspecto del dilema de definir qué es el indígena es que es una construcción basada en la perspectiva y la ideología de la persona o las personas que lo definen. Efraín Kristal demuestra que la narrativa indigenista es una parte integral de los debates políticos y antropológicos sobre el indígena. Critica la idea de valorar la narrativa indigenista según la precisión de la descripción del
mundo indígena (XI). Plantea que lo que sucede es que los críticos escogen a escritores que describen su propia concepción del indígena (8). Luego hay un sinfín de interpretaciones rivales que compiten para tener la representación más correcta del mundo indígena (7-8). En vez de disputar la autenticidad de la descripción en una o más obras, Kristal propone estudiar la relación de la
narrativa indigenista con los debates políticos y antropólogos sobre el indígena (xiii). Entonces, la definición del indígena es una cosa subjetiva que cambia constantemente según las ideologías del momento.

Aunque cualquier periodización del indigenismo es arbitraria, generalmente se divide el indigenismo narrativo en dos o tres etapas. La narrativa del siglo XIX normalmente se llama indianismo, indigenismo romántico, o, simplemente, indigenismo. Lo que surge al comienzo del siglo XX normalmente se llama indigenismo, o indigenismo ortodoxo. El neoindigenismo peruano, según
Tomás Escajadillo, comienza en los años cincuenta y sigue hasta el presente (19-32).

Es importante en este punto detenernos y pensar en el contexto del surgimiento del término neoindigenismo. En esa época hay cambios en las estructuras del poder. Entre 1940 y 1980 más de un millón de personas migran a Lima (70), una fuerte indicación de la decadencia del sector terrateniente. En el campo de la narrativa, Cornejo Polar habla de dos corrientes que comienzan en los años cincuenta: una neoindigenista y la otra neorrealista (296-97). Al mismo tiempo que hay un conflicto por el poder dentro de las clases dominantes, hay una lucha por una posición dominante dentro del campo de la producción cultural. En los años sesenta hay individuos, grupos e instituciones identificados con el "Boom" de la literatura latinoamericana que compiten con los asociados con la narrativa regional y la indigenista. Pierre Bourdieu propone que parte de esta lucha tiene que ver con el poder de definir lo que es un escritor (323). Así, la importancia y el significado
de una obra puede cambiar con las transformaciones del campo (313). Dentro de estos límites, mucho del criticismo de la narrativa indigenista desde los años sesenta puede ser entendido como parte de la lucha para ganar una posición dominante en el campo o como consecuencia de la pérdida de una posición dominante de la narrativa regional.

Los advocados del "Boom" criticaron las estructuras formales de la narrativa regional e indigenista como defectuosas. Antonio Cornejo Polar señala que una estrategia principal era caracterizar la narrativa regional e indigenista como primitiva o impura (67). Sostiene que en muchos casos "lo que se buscaba era frecuentemente no más que enfatizar la originalidad adánica de los nuevos narradores hispanoamericanos" (68). Aún más fuerte es la crítica de Tomás Escajadillo. Citando el número de escritores jóvenes que escriben narrativa neoindigenista como evidencia que el indigenismo no ha muerto, dice "Todo esto demuestra que la modernidad comete una de las más grandes estupideces
cuando decreta la muerte del indigenismo y que la realidad desmiente lo que algún día dijeron Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa o José Donoso" (96).

Entonces, tenemos dos grupos que compiten por el poder y dos perspectivas del mundo, una más occidentalizada y otra con más influencia del mundo indígena. En 1984 Antonio Cornejo Polar y Luis Fernando Vidal dicen que desde los años cincuenta hay dos corrientes generales en la narrativa peruana. La primera, representada por José María Arguedas, se enfoca en la desintegración del
viejo orden social y la redefinición de los sectores dominados en la sierra. La segunda corriente, representada por Mario Vargas Llosa, trata de la construcción de un nuevo orden (15-18). En 1994, Antonio Cornejo Polar reitera la idea de dos categorías, el neoindigenismo y el neorrealismo, pero añade que los términos no significan mucho en la actualidad porque hay una mezcla entre las dos posiciones (296-97). En el mismo artículo Cornejo Polar dice que el proyecto de
modernización promovido por Vargas Llosa forma parte del campo literario peruano. Una parte es lo que él llama "la modernización internacionalizadora" mientras que la otra parte sería la "afirmación de la condición andina del Perú" (301-2).

Luis Nieto Degregori hace una distinción similar. Afirma que hay dos vertientes en la narrativa peruana: la criolla y la andina. La vertiente criolla tiene más presencia que la andina en el Perú y se asocia la criolla con la modernidad y la calidad técnica. Participan menos en los concursos literarios porque tienen mejor acceso a las casas editoriales y la crítica periodística. En la vertiente andina hay una expresión más amplia de las culturas prehispánicas, las cuales se encuentran en una situación subordinada y marginalizada. Estos escritores tienden a participar más en los concursos literarios.  Normalmente publican con una autoedición o con Lluvia Editores. La distribución es más informal y hasta consiste en obsequiar libros (25-26).

Queda claro que todavía existe una competencia entre dos grupos, uno más ligado al mercado internacional y occidental, mientras que hay otro grupo, que muestra influencia occidental e indígena.  Para hablar de otra etapa de la narrativa peruana, 1980 parece un buen punto de partida. Ya para 1980 hay una vuelta a elecciones libres después de doce años de gobiernos militares. Al mismo tiempo aparece la subversión armada de Sendero Luminoso. Los Andes han cambiado radicalmente
debido a décadas de migraciones a centros urbanos, reformas agrarias, y la decadencia del sistema terrateniente. También para 1980 aparece el comienzo de una infraestructura que puede ayudar a promover a una nueva generación de escritores provincianos. Lluvia Editores fue fundada en 1978, y se ha hecho conocida como una casa editorial que publica obras de personas de las provincias.  Según Pierre Bourdieu, una función de los concursos literarios en el campo de la producción cultural es la de conferir consagración institucional a productores contemporáneos (26). En los años ochenta y noventa los dos concursos principales de narrativa han sido el concurso bienal Premio Copé de
Cuento, patrocinado por Petroperú, y el concurso anual, "El cuento de las mil palabras", patrocinado por Caretas. El Copé comenzó en 1979, y "El cuento de las mil palabras" comenzó en 1982. Por esos años hay unos escritores que, individualmente o ayudándose, comienzan a publicar obras narrativas y revistas. En 1976 el primer número de la revista Kotosh aparece, publicada en Huánuco con la participación, entre otros, de Mario Malpartida, Andrés Cloud, y Samuel Cárdich.   Comenzaron a publicar sus obras narrativas en los años ochenta. En el Cusco hay tres escritores, Luis Nieto Degregori, Enrique Rosas Paravicino, y Mario Guevara Paredes, quienes se han ayudado en sus proyectos literarios. En 1991 Mario Guevara publica el primer número de la revista Sieteculebras. Hay otros grupos de escritores que tienen proyectos similares en Puno, Arequipa, y
otros lugares.

Un tema central en la narrativa andina actual es el de la violencia política. Las primeras obras narrativas que aparecen sobre dicho tema aparecen en 1986. Los escritores que han publicado una obra narrativa sobre la violencia política tenían una edad promedia de 29 años en 1980, el comienzo de la guerra, y el promedio cuando publicaron una primera obra sobre la violencia política era 39 años. Los escritores nacidos entre 1945 y 1959 componen 34% de todos los escritores que han publicado ficción narrativa sobre la violencia política. Este grupo ha publicado 48% de los cuentos y 29% de las novelas. No sorprenderá tampoco que la mayor parte de los escritores que escriben sobre este tema sean oriundos del centro o del sur del Perú.

Entonces, para 1980 comienza a aparecer una infraestructura para el establecimiento de parte del campo de la producción cultural. Hay unos escritores de las provincias que comienzan a publicar y a promoverse. La mayoría de estos escritores ha nacido después de la segunda guerra mundial y los primeros años de los años sesenta. Aparecen Lluvia Editores, el Premio Copé de Cuento, y "El
cuento de las mil palabras", entre otras instituciones, para promover a los escritores jóvenes, muchos de ellos provincianos.

Sin embargo, casi todos los escritores rechazan el calificativo de escritor neoindigenista. Aunque muchos escritores escriben sobre temas tradicionalmente considerados indigenistas o neoindigenistas, en general su obra abarca un mundo mucho más amplio. Hasta Tomás Escajadillo, el crítico más riguroso del neoindigenismo peruano, me dijo en agosto en el Cusco que ahora tiene
dudas sobre la vigencia del neoindigenismo. Sin embargo, no sabe exactamente qué nombre dar a este movimiento. Sostuvo que tiene problemas con el término narrativa andina porque es muy amplio. Aunque parece que nadie está contento con el término, es lo que se usa más y más.

Veamos dos propuestas para acercarnos a una definición de la narrativa andina.

Jorge Flórez-Aybar nació en Puno en 1942 y es escritor y profesor de literatura en la Universidad Nacional del Altiplano: Puno. Propone cinco períodos de la literatura en los Andes: los períodos prehispánico, hispanista, indigenista, neoindigenista, y andino. Dice que el período neoindigenista comienza a partir de los años treinta y sigue hasta los años ochenta (52). El período andino es a
partir de los años ochenta (66). En esta época sigue el discurso mítico, hay innovaciones en las formas de narrar, la violencia política es un elemento importante, y hay más énfasis en áreas urbanas que en las rurales (79).

Juan Alberto Osorio nació en el Cusco en 1945 y es escritor y profesor de literatura en la Universidad Nacional de San Agustín en Arequipa. Dice que la narrativa andina comenzó en los años cincuenta, coetánea con la apariencia de la narrativa moderna (9). (Así plantea la idea de la narrativa andina como moderna, al igual que la narrativa urbana). Hay dos vertientes en la narrativa andina, el neorrealismo y el neoindigenismo. Dice que está insatisfecho con los términos porque siempre hubo mucho contacto entre las zonas rurales y urbanas. La narrativa andina es una continuación y una superación de la narrativa indigenista (9).

Las características de la narrativa andina, según Osorio, son las siguientes:

1) El productor es un intelectual de la clase alta o media provinciana, muchas veces un profesor universitario. Tiene mucho conocimiento del mundo indígena, pero este conocimiento está subordinado al mundo occidental. En este sentido es muy similar a los productores de la narrativa indigenista (9).

2) El referente es más amplio. Abarca lo rural y lo urbano, incluyendo ciudades grandes y pequeñas de la sierra, enfocándose en las clases medias provincianas, aunque incluye a todos los sectores sociales del país.

3) La perspectiva es principalmente urbana y mestiza.

4) En la tradición del indigenismo, es realista, utilizando la racionalidad científica y la racionalidad mítica.

5) Hay mayor énfasis en el discurso.

6) Es pluridiscursiva, de expresiones culturales de muchas culturas en el país. Incorpora elementos indígenas a las formas occidentales, como la novela y el cuento (10).

Para concluir, quisiera plantear unas ideas acerca de una narrativa andina contemporánea. Surge de la tradición indigenista y neoindigenista, pero es más amplia, reflejando los cambios en la sierra peruana en las últimas décadas. Ya para 1980 comienza a formarse una infraestructura que puede ayudar a promover a una nueva generación de escritores. Estos escritores han nacido mayormente
después de la segunda guerra mundial hasta los comienzos de los años sesenta. La violencia política es un tema importante. La narrativa andina está en una posición subordinada en relación a la narrativa criolla. Y, finalmente, la narrativa andina presenta otra perspectiva de la modernidad.