Viaje a la Frontera con la Marquesita
A Marinita como casi todo & la posibilidad de que me perdoné
Capitulo Primero
Ayamonte en Tecnicolor
El preámbulo
1.
Somos dos personajes
a quienes sus caminos,
cruzaron sin remedio
hace ya mas de dos años.
En octubre, fue.
Entre gris de nubes tormentosas
reflejos de aceras mojadas
& ventanas,
aplastadas por el vaho.
La recuerdo en primera secuencia
acomodada,
en el espejo retrovisor de mi coche.
Llovía, lo recuerdo.
Las calles que aún bostezaban
su amanecer desganado,
parecian mas llenas que de costumbre
& los coches lo llenaban todo,
de tráfico derretido & acuarela.
2.
Más de dos años han pasado.
Ahora,
que se cumple el aniversario de dicho acontecimiento,
& por circunstancias de la vida
de su capricho
& de su absoluta necesidad.
Pudimos inventar cuatro dias:
de amor y lujo,
de amor y menos lujo,
de amor y casi nada de lujo.
AMOR & dos duros en el bolsillo.
Con centro de operaciones en la plaza de Ayamonte
& dos siglos mas de espera para subir al Sevibus.
Empiezo a bosquejar estos poemas.
3.
Ahora que los recuerdos:
de las playas de La Antilla,
del paseo por Lepe,
del ferry,
de los autobuses
& de las piscinas con los "guiris".
Ahora que los recuerdos:
de las conchas que decidimos
convertir en ceniceros,
de las caminatas,
del olor de las flores del naranjo,
& de las extensas playas del Algarve portugués.
Ahora que el recuerdo
de las comidas frugales,
de los cigarrillos compartidos,
de las ferias con olor a pulpo asado & mil cosas mas.
Ahora que mil cosas mas,
son mil cosas mas muy frescas & muy presentes,
me quiero sentar a poetizar sobre lo que se vivió:
de tan poética manera,
de tan delicada manera.
Sutilmente reconciliadora
& arrebatadoramente ansiada.
4.
Esta es la historia
de un viaje por los secretos pasajes de nuestro yo mas oculto,
por nuestra pasión desatada,
por nuestra apuesta mas arriesgada.
Esta es la historia,
de esa pareja que huyendo
del cotidiano rumor del cansancio.
Se refugió en las arenas de una playa tardía.
Se asiló en esos pueblos de encanto limítrofe.
La Pareja Discute
No es un preámbulo que se precie, la solícita afirmación de cabeza. No lo es la palabra
conciliadora, ni lo es la entrega profunda.
Ella, la Señorita Marquesa
agobiada volvió de Taiwan.
Con la piel muy pálida & las manos vacías.
Llena la Señorita Marquesa volvió:
de idílicas playas de arenas saladas & tacto de harina,
con el pensamiento posado en caribeños parajes,
de postal retratados.
Ella, la Señorita Marquesa de todos mis feudos
& de mil corazones rajados.
Quería, necesitaba, e-xi-giA
un viaje de agencia de viajes
plasmado en lustroso catálogo & nota a los pies:
"Amor y lujo, rodeado de un ambiente romántico en un marco de extensas playas de
sueño, con atardeceres impresionistas y comidas de realismo robado, a la que Umberto Eco
llama: la verdadera realidad, la de la palabra escrita, por que esa, siempre es
igual".
La pareja discute sin gritar,
ni alzar, mínimamente la voz..
Él, de patillas estratosfericas
(casi esféricas)
largas hasta arañar los suelos,
hasta llegar a sus pies pero nunca tanto,
como su irrefrenable necesidad de ser
lo que la Marquesita desea,
necesita o e-xi-gE.
Sin discusión.
Él, barbudo permanente de dos días obligados,
decide,
con los pies arañando la tierra & el corazón en sus manos.
Mirando a los ojos de la obligación
de ser todo lo que la Marquesita espera.
Hacer las maletas.
Olfatear el horizonte de las calles.
Disfrazarlas de estío & con las maletas a cuestas. Volar.
Volar en busca del "Amor & Lujo"
que en temporada baja zozobra.
Sobra por tanto explicar
que "Amor & Lujo" es, a su lado:
el día a día & todo, su sudor cotidiano.
Flash Back con las fotos en las manos.
Me miro en el espejo.
Descubro los temores a los que la ceguera de Borges huía
& me encuentro al moreno gitano con la piel, domada por el sol,
con un purito entre los dedos,
con la sonrisa blanca
& un selvático desorden en los pelos.
Añoro, romántico poeta
como el vuelo de las gaviotas del Algarve
o las carreras huidizas de sus pichones.
Volver a ver esas huellas, las primeras
sobre las azucaradas carnes de la Antilla.
Un desayuno
Los balnearios destilan nostalgias de otoño
por sus paredes cubiertas de salitres ocultos.
Son tristes las aceras & duelen
cuando descalzo los granitos empujados
desde la orilla hasta su fondo
pagan billete en sus Hang Teng.
Fantasmas irreconciliables son los tardíos veraneantes
que pasean sus canceras, abrasados por el viento.
Y entre olor a mar al lado del mar.
A Atlántico besando el Atlántico.
Fuimos pletóricos amantes en terraza con toldo,
pitillo, mixto caliente & tarta de imaginadas frutas,
que mis dioses le ofrendaron, sobre la mesa del bar.
La primera foto
De nuestras huellas
sobre la sabana lamida
por un mar cerdo de algas.
Siguiendo el rumbo nuestros pasos
desconocieron las nostalgias.
Desvestidos de tristezas
escribieron por el peso
poesía entre las conchas.
La felicidad no es
en otoño cerca de Portugal
como la huella del pichón
juguetón de la gaviota.
Es, la felicidad a su lado,
la permanente curiosidad
de encontrar colores vivos
hasta en las secas cepas
del campo que agoniza.
Foto Segunda
La lluvia ha llegado
& su brochazo repentino
ha dejado el cielo como un techo.
Las sombras de consistencia
sólida & palpable
son bruscos cuerpos, arañando el barro.
Buen ambiente es para el ejercicio de la memoria
cuando los colores tristes son augurios de esperanza
& los cánticos de la tormenta,
promesa de cosechas del pasado.
Foto Tercera
Antes del desayuno
aún antes de que las panaderías
abrieran sus puertas
& el olor de sus hornos escapara
a tentar a los hambrientos.
Buscamos
ilusionados & entregados
encontrar el lujo de los cinco estrellas
aparcado en algún hotelíto anónimo
disfrazado de pensión de mala muerte.
Nada es como se sueña
las penumbras idealizadoras
agarrotan las realidades posteriores
exprimiendoles sus vitaminas
dejandolas como cascaras
desvirtuadas de limón.
Foto Cuarta
Tratandose de la Marquesita,
nada es así. En ella la realidad se desdice
muta sus Hoteles Residencia "Marqués de Ayamonte"
en prescindibles lugares de paso.
Muta las habitaciones desnudas
con dos camas como promesa de mal sueño,
las paredes extirpadas de cuadros
& las cortinas de gran almacén,
en acogedoras suites de película de los treinta.
Las habitaciones
de armarios con puertas de madera vulgar
& suelos que da asco pisar
se visten de anécdota ridiculizada que el recuerdo reduce:
Por que los cuartos de baño
eran muy limpios,
las toallas
sin ser gordas y pesadas
secaban bien la piel lavada de sal
y el espejo para el maquillaje
era ideal.
Una Imagen para Fotografiar
La habitación quinientos cinco.
La del llavero inmenso de madera
pesado como todos nuestros bultos,
tenía una ventana que miraba
una calle de adoquines.
La habitación tenía una persiana
que se resistía tercamente a ser arriada.
Por la permanente rendija que su terquedad dejaba
en la casa de enfrente. Desde la ventana de un piso
en apariencia cuidado. Una vieja milenaria
nos miraba fornicar/ desde la segura amnesia
de sus años gastados.
Foto Quinta (una secuencia)
Para acercar
la realidad a los sueños
algunas veces es suficiente
unir dos camas individuales
& convertirlas en una sola
de matrimonio.
Descubrir
que la magia de los lugares no suele pastar
en la parafernalia de los cinco estrellas.
Basta, en fin, eso creo
reconocer el olor ancestral
de la persona amada
sus caricias sobre nuestra piel
& los músculos cansados.
Besar su boca,
enredarse entre sus cabellos
cerrar los ojos & llegar
de su mano hasta el sueño.
Foto Sexta
Ayamonte tiene calles estrechas
que de adoquines conserva
el indefinible sabor del pasado.
Una plaza que huele
a Diosas limpias expuestas
a la idolatría del hombre.
Un parador que con el tele
desde el ferry cruzando el Guadiana
pudimos ver oteando las alturas.
Un restaurante con mas
"de cincuenta años de experiencia"
en palabras de un taxista gordo
y otros igualmente caros por doquier.
Ayamonte posee un encanto
que no se encuentra en las palabras.
Por que lamentablemente:
los olores de su plaza
los colores de su malecón cuando anochece
el sabor de su salitre oculto en las paredes,
desde ésta pantalla o desde la hoja del poema
no pueden llegar a tus sentidos.
Tiene Ayamonte la facultad de haber sido a nuestros ojos
todo lo que la realidad enfrentada al sueño,
no puedo destrozar.
Isla Canela
1.
La mañana primera de esta crónica
Nos vestimos de verano:
pantalones cortos,
toallas colgadas al cuello,
la inevitable cámara de fotos
& una sonrisa imposible en cualquier lugar
que no seduzca al mar.
Emprendimos
amantísimos amantes
el camino de nuestro sino escrito en la brillante luz
de un sol compasivo que nos acogió.
Isla Canela
es la playa de Ayamonte.
La que de amor & lujo
nos tomó.
La que de "guiris"
fuera de estación & temporada baja
vivieron con nosotros
el sueño de estar disfrutando
lo que el tren de los meses se había llevado
con el inevitable avance de los calendarios.
2.
Los taxistas son por excelencia,
el espejo que refleja/
el pensamiento de los habitantes,
de la ciudad diseccionada.
No es distinto en Ayamonte..
Se dividen en dos clanes rivales & enfrentados:
los que por ser ciudad fronteriza
son contrabandistas en paro que no olvidan,
la época en la que por las noches, se ganaban su brillo tan hortera,
en potentes fuera borda.
&
los que son ciudadanos honrados
amables con la amabilidad mansa
de los pueblos pequeños de frontera & desportillado puerto sin muelle..
3.
La playa estaba desierta a medio día.
Unas cuantas mesas con sombrilla
al lado de un desportillado chiringuito.
Unos turistas que eran rojas, langostas fuera de su hábitat.
Grasosas & barrigonas langostas, sentadas en silencio.
Aburriendose con sus mujeres viejas & desconchadas
erosionadas como cascaras de bajeles encallados.
4.
La orilla era lamida por discretísimas olas
que no prometían en principio
momentos de infantil esparcimiento.
El cielo despejado
nos despeinaba caprichosamente con sus dedos de viento,
Viento azul. Azul celeste como seda de corbata con zebras
de marca en su vientre pastando.
Y en esa África surrealista
de colores alucinados con oasis de algodones ebrios
volaban gaviotas de picos anaranjados como el sol
del atardecer que prometía.
Y sobre esa alfombra de conchas por siglos molidas
(arenas bautizadas sin imaginación)
tumbamos nuestros cuerpos para dorarnos al sol..
Entonces, solo entonces.
Ella me fotografió.
Primer Día de Playa
1.
cuando
las parejas
descubren
la maravilla
de compartir
la soledad
en parajes decadentes
& a dúo los ven
vestidos de gala
para el gran baile
del verano
entonces
las parejas
se están
amando
con pasión.
2.
las cervezas
a contraluz
tienen color
de nórdicas
caminando desnudas
sobre la nieve
reciente
no me gustan las rubias nórdicas
ni me hace ilusión caminar
sobre la nieve reciente.
me gustan
las cervezas,
su brillo
espumoso
& burbujeante
cuando es el moreno
de mi Marquesita
el que llena
a contraluz
esos sin vida
fríos destellos
que sin ella serian.
3.
Cuando el ojo de Dios
Atento nos mira
Desde el privilegiado mirador
De un cielo despejado
& los cuerpos tumbados
Sobre las carnes pálidas de esa playa
Las palabras tienen la seriedad
Del ceño fruncido de un niño
Que descubre una verdad.
4.
Palabras & mas palabras.
Silencio. Sueño plácido.
Caricias en las manos.
Leve vuelo sobre la espalda
& un beso furtivo
con el sabor del inicio.
Así transcurría la mañana.
La tarde joven.
Las horas sobre la azul cobalto
esfera de su reloj.
Palabras & mas palabras.
Flechas de amor
directas al blanco dispuesto,
de un corazón abierto.
A la punzante necesidad
de encontrar en el beso furtivo.
Ese sabor del inicio
El Hotel "Amor & Lujo"
1.
Con los cuerpos llenos de sal
Con el sabor de todos los mares pescando en la lengua
Con la sonrisa deshojada & propicia
Con las manos ansiosas
Con la sensación de que la felicidad es en cualquier lugar
si la persona que nos acompaña es la correcta.
Dejamos a nuestra intuición
marcar en el mapa del pescador,
el lugar en el que terminar ese día: de rescatada pasión.
2.
Así fuimos guiados hasta el remanso de los "guiris"
Los langostas rojos & obesos que rodeaban la albufera.
Tumbados parecían esperar a ser elegidos para adornar:
el plato del comensal.
3.
La Señorita Marquesa
por contraste deslumbraba
más aún que entre las bellezas.
Se elevó sin mediar palabra
hasta la inalcanzable categoría
de Diosa suprema para siempre.
4.
Las miradas de los machos rojos
parecían a su paso
suplicar por ser admitidos & rezar a los pies de la deidad.
Ellas, las desconchadas & no menos gordas langostas
(sus mujeres).
Pedían perdón con gritos dolorosos
por el pecado capital de envidiar
aquello que no se puede ser.
5.
Ajenos al caos
inevitable que los pasos de la Marquesita desbocan
nos dejamos dorar por los oblicuos rayos del astro.
Apuramos al máximo,
la furtiva presencia entre los mortales
que a nuestro lado incapaces
no podían mover sus grasas para alejar
su invisible presencia.
6.
"Esto es amor y lujo, una piscina de aguas limpísimas, tumbonas mullidas, jardines
muy cuidados, camareros atentos. Reminiscencias romanas y decadentes promesas orgiásticas
de cenas servidas a la francesa, postres dulcísimos, habitaciones con jacuzzi, toallas
gordas y alfombras persas para pisar sin asco con los pies descalzos".
Así soñaba la Marquesita
mientras las oblicuas miradas de Ra
se iban haciendo horizontales caricias desprovistas de luz
& los langostas en contra de sus deseos
eran arrastrados por sus mujeres
lejos del santuario.
7.
Apuramos hasta la última gota de luz.
Nos dejamos sobre las poltronas
el calor de nuestros cuerpos
& cuando el día nos dirigía su último guiño,
lentamente nos trasladamos al bar
junto a su piscina techada de asiático lujo.
Tomamos un helado de pistacho
para humanizar un poco tanta divinidad
deprimente para los langostas.
8.
Terminó,
el día de sol
de arenas
de conchas molidas por siglos
de nórdicas cervezas frías como la nieve.
Se evaporó el día,
guardando entre su esfera de recuerdos
las palabras
las caricias
las miradas & todas, las sensaciones que de eternas
se hicieron novedosas
& todo el placer que contiene, el descubrimiento de aquello,
que oxidaba de olvido.
9.
Un taxista con Mercedes asiento de cuero
CD's en el maletero
mando a distancia en el volante
& volumen altísimo.
Con el poder del contrabandista
& la chulería del delincuente
en la arrogancia displicente de sus gestos.
Un taxista contrabandista
fue quien nos llevó de vuelta
al "Hotel Residencial Marqués de Ayamonte"
a las camas gemelas vueltas siamesas
al cuarto de baño impecable pero no en la bañera
a ser espiados por la vieja vecina
a oír, a través de los finos tabiques
los polvos mal llevados del vecino
del quinientos no se que número.
A terminar el día de playa.
A preparar esa noche de feria.
Foto Séptima
1.
Entre las siete & las nueve
(de la noche)
Ayamonte es como una copa de cava:
burbujeante.
Los vecinos visten
sus mejores galas & los rostros
de las jóvenes adolescentes
delatan rímel & colorete
sin concierto.
2.
Las luces relucen
sobre las cabezas ungidas.
Los señores mayores visten
traje, en los bares.
Los invitados a la boda beben
cerveza & cubata
por cuenta de los contrayentes.
Huelen a perfume barato ellas.
A gomina ellos & sobre todo,
por encima de todo
el delicioso olor:
de la plaza principal &
sus flores de naranjo.
3.
Una música que parece
provenir de todos lados
pero de ninguno en concreto.
Apacigua los vientos.
Se santiguan las ancianas, mientras
esquivan ágilmente una moto.
Miran con vestido negro
los leotardos rojos.
Piensan en como han podido
cambian tanto las cosas.
4.
Para ser cuatro calles
iluminadas sin pudor
& a chorros.
Sobran
(al menos eso parece),
tanto restaurante
con olor a pescaíto frito.
Los bares con pantalla gigante
& las tiendas "todo a cien".
5.
Los niños en bicicleta
esquivan a los peatones
preparandose para el día
que tengan que hacerlo
como los mayores
en sus motos./ Entre olores
a puerto sin pescados
a pescados en sartén &
a río explotando sin descanso.
Va llegando la hora ciega
cuando sin aviso,
casi violentamente,
se quedan desiertas las
adoquinadas, vacías de
sombras las esquinas & sin
ecos la penumbra.
Ayamonte suele irse a dormir temprano.
Una Cena de Luxe
No podía ser de otra manera.
Cuando el presupuesto al veinticinco por ciento
entre coquinas,
gambas al ajillo
& una impresentable tortilla de patata con pan.
Una cerveza gigante,
su coca light (de las once & media)
era consumido por la voracidad
de la experiencia de:
"Cincuenta años oiga usted"
que tenía,
tiene
& después de nuestro paso por Ayamonte
seguirá teniendo.
Irrefutable ese antiguo restaurante.
Por ser la primera
de las noches de nuestro viaje,
todo sacrificio en el altar de las causas justas
era válido
Nos pusimos de coquinas hasta los mismísimos dedos de la gula,
de marisco soñado & tan soñado,
hasta que ya no pudimos ni siquiera soñar
con mas marisco & el ahorro,
heredado a tan brutal
orgía pantagruélica.
Ella relucía como una luz,
la mas grande de la principal de las calles de adoquines.
Sentada, tan Señorita Marquesa
En esa terraza de "Casa Barbieri",
el mejor entre los mejores
restaurantes del lugar.
Foto Octava
Las noches son apacibles.
Por la rendija de la espiada ventana dejada
& la terca persiana.
Se filtran los sonidos distantes de la feria en Santo Antonio.
Una fresca brisa
Acaricia los cuerpos desnudos & el sueño
es como un reflejo,
de luces de neón decantadas por la juventud.
Lentamente va transcurriendo la noche.
Mientras el desorden de las siamesas camas,
va pareciendose por simbiosis, a los despeinados
cabellos del patillas.
Foto Novena
Los mercados son por definición: madrugadores
& sus olores pueden llegar incluso a ser ofensivos
Tienen si se aprecian
un encanto proletario que no fue ajeno a nuestra alcurnia.
Suelen sonar igual en cualquier lugar del mundo.
Salvo mínimas variaciones su disfraz, es siempre
parecido,/ caótico & limítrofe.
Fue esa música la que nos despertó,
cuando abrigandonos & muy juntitos
tratábamos de imitar a las camas que de matrimonio
no fueron por que nuestros cuerpos
compartieron sin egoísmo
la mitad exacta de lo que era, una sola de las individuales partes
de un todo que no necesitamos.
Foto Décima (Breve descripción de Lepe)
Lepe es un pueblo ridiculizado por la sabiduría popular.
A diez kilómetros de distancia, no podíamos dejar de visitar.
Un autobús de linea puntual en sus horarios
Nos habría de dejar:
"por que Margarita veranea allí
y dice que es muy mono,
que tiene tienda de Benetton
y plaza cosmopolita".
& las calles pulcras
con la pulcritud pueblerina de los lugares vilipendiados.
Con el ojo avizor
plasmamos un cartel de coña en el que el menú cantaba
que el primero era: plato
& el segundo el mismo: plato
& el tercero o postre no sabemos
Por que en Lepe,
el ridiculizado pueblo
las palabras nunca parecen significar,
lo que en los diccionarios nos advierten.
Y un viejo de gafas oscuras
(verdes culos de botella de vino de la casa),
nos mostró el gran estanque de los patos & el estadio municipal
donde los jugadores de Lepe sudan la tercera regional.
Y nos dejamos llevar por nuestros pasos
y la necesidad de hacer horas
hasta la hora del autobús.
Unas fotos sueltas,
de la tienda de diseño que el dueño había decorado
con la ayuda de toda la familia
& pintado
con brocha gorda & sin la ayuda, esta vez,
de la familia.
Lepe no es como lo pintan,
los chistes que se cuentan. Es peor.
Es un intento de querer demostrar ser lo opuesto a las habladurías
& terminar siendo como esos rumores
pero exponenciado.
Apunte explicativo
Ahora que mi voz tiene el ritmo de lo coloquial
que las palabras no salen poéticas
como la trascendental de los escritos clásicos
Ahora que la inspiración es como una hoja del otoño
que cae inevitablemente..
Conviene explicar que esto no es un ejercicio psicoanalítico
ni un esfuerzo por dejar
constatación escrita de los hechos/
más bien & simplemente
es la necesidad de contar un viaje tal cual fue vivido.
Para la envidia agónica de los que no sienten así
o la burla de esos otros - que piensan - que esto no es sino:
una puta idealización.
Capitulo Segundo
Portugal Fronterizo
1.
Los portugueses de la frontera son gente antipática.
Lo dice mi experiencia.
La de los demás convertida en lugar común
dice que ellas tienen bigote & que son muy feas.
Lo que de ellos dice, no lo puedo redordar.
Es verdad, lo he podido comprobar.
2.
En la frontera,
también lo he visto,
cuando caminas por las calles,
de Vila Real (pomposa) de Santo Antonio
de cada cinco que te cruzas, tres parecen gitanos.
La experiencia por lo tanto debería de ellos
(los portugueses) decir,
que son en un gran porcentaje:
gitanos de ley & traje negro.
3.
A mi, gitano por definición,
de mi suegra & sin mala leche,
a su favor debo agregar.
Me gusto Vila Real de Santo Antonio.
Me dejé seducir, por el decadente abatimiento de sus paredes,
por el soberbio adoquinado de sus calles,
por la amplitud sin mezquindad de sus grandes casas
& por el olor que añejo no era bueno
Me gustó el mosaico de culturas superpuestas en las invisibles reglas no escritas.
Me gustó el orgullo maleducado de sus gentes.
Me sorprendió un cierto sabor a Señor que nunca se pierde
& marca sin vergüenza al paisaje.
4.
En la plaza principal,
todos los días hay un mercadillo en el que se negocia
todo tipo de mercancías:
higos secos apetitosos a la vista
miel en cuidados frascos con panales incluidos
frutos secos de todas las variedades imaginables
jamones curados que no podrían competir con los de España
embutidos de las más variadas presentaciones
chocolatinas importadas de mala calidad
dulces & quesos de cabra de tamaños dispares
alfombras de piel de vaca con los pelos contados
botas, monturas & aperos para caballo de extraordinaria calidad
& por todas partes
hombres viejos que venden a buen precio
trozos calcinados de pulpo asado.
5.
Hay también
en el malecón que marca la frontera con el río.
Un gran hotel de tres estrellas.
Es una gran casa,
que recuerda un palacete de cualquier ciudad con duende.
Desde Ayamonte & sin esfuerzo,
las luces de neón azul que lo nombran
se pueden ver & cuando desde el ferry te vas acercando
otras rojas como la sangre fresca, en la esquina, lo define:
un lujo fronterizo como complemento para un sueño.
6.
Los jardines del paseo junto al río
están bien cuidados & las veredas a su lado
son de piedras de distintos tamaños:
blancas & negras
afiladas
romas.
Colocadas como si de un gran rompecabezas se tratase,
forman & en orden obsesivo
las figuras de una estrella de los vientos
una langosta apetecible
un pez de apariencia primitiva
& vuelta a empezar,
indefinidamente.
7.
Al final del paseo
alejandose del Algarve & de sus playas
la de pescadores
& la de los turistas bautizada "Monte Gordo".
Hay una feria de atracciones, instalada sobre un descampado de tierra floja.
Parece un pueblo crecido como un tumor al lado del pueblo.
Las luces se pueden ver desde lejos
& la música lo llena todo con histérica insistencia.
Dentro de la feria
un circo en el que conviven:
un oso drogado
seis caballos de raza absolutamente indefinida
un ciervo con un cuerno roto & un ojo de cristal.
Y tal vez
también & por que no
una de esas mujeres barbudas
de las que al parecer tanto abundan en Portugal.
También hay,
coches eléctricos de choque
un sin fin de tiendas que venden muebles
artesanía de los mas variados materiales
cintas piratas muy baratas
& tantas cosas mas que no pudimos descubrir.
Negocios todos ellos explotados por gitanos con pedigree
los que definen su origen por detalles:
traje, camisa & corbata negros,
botines & sombrero,
barba larga & mirada esquiva.
Listos en el arte de regatear como pocos he visto en mi vida
& un peligro flotando en el ambiente
que me hizo caminar sobre la tierra floja
con la mirada alerta & los músculos siempre
dispuestos a pelear.
8.
Las diferencias entre un lado & el otro de la frontera son tan evidentes,
que resulta difícil entender,
como es posible que sean tantas,
cuando apenas separan una población de la otra, unos pocos kilómetros de agua.
Los portugueses son un pueblo triste,
lo dicen los poetas & lo confirman sus libros,
los fados
& la certeza que se hace evidente en el ambiente.
En Portugal,
la nostalgia es una linea más del paisaje,
la añoranza una realidad palpable como la decadencia de su belleza,
la tristeza un tono que acaricia las paredes.
& el atractivo de pasear por sus carnes,
es el de sentir que el culto a todo eso,
no tiene por que ser depresivo,
si no mas bien,
un canto a la posibilidad de disfrutar,
el privilegio de despertar cada día con la suerte de vivir,
del otro lado de la frontera.
9.
No me gusta poner caretas a la gente
ni definirla generalizando.
Por que no todas las portuguesas son feas
ni todos ellos gitanos maleducados.
Por ejemplo:
la mujer que nos sirvió el desayuno
cuando la cartera de peso perdido se encontraba famélica
& el hambre en el cuerpo era un permanente de tripas ansiosas.
Supo de nuestros ojo leer
con una delicadeza digna de Gran Señora (que era)
los evidentes signos de nuestra necesidad
& saciar nuestro apetito.
Sin por ello esperar nada a cambio
ni hacernos - por supuesto -
sentir mal.
10.
Me gustó Vila Real de Santo Antonio
Me gustaron sus paredes ancianas & sus ventanas descoloridas
sus cristales rotos & las abandonadas mansiones cubiertas de polvo
Me encantaron las calles fieles a su pasado & las meadas esquinas por los perros
las pintadas en incomprensible portugués
Me sentí identificado con el aparente abandono & el despeinado pelo de sus cabezas
Me encontré más vivo que nunca en el reflejo de las agotadas sombras,
en el olor disperso de sus arrugas & sobre todo
en el espíritu orgulloso que no es siempre fácil de percibir
fin